La paciencia - gueshe tsering palden. Según el texto“El Bodhicaryavatara”, de Shantideva.

1 . L a paciencia y el enfado

Vamos a presentar la paciencia bajo dos aspectos: la que ponemos en práctica en nuestra vida diaria, y la paciencia como una de las Seis Perfecciones. La palabra tibetana que sirve para designar la paciencia ( soe-pa) significa también tolerancia e indulgencia.

La paciencia de la que vamos a hablar es una mente estable que no se deja perturbar por los factores externos. Es una cualidad necesaria para cada momento de nuestra vida y todos necesitamos practicarla. Se trata de una materia desarrollada en muchos textos (como en el Lam-Rim) por lo que podemos asegurar que estamos ante un tema importante.

Hay tres tipos de paciencia:

•  La paciencia para soportar todas las dificultades de la vida.

•  La paciencia de la que brotan la confianza y la determinación para la práctica del dharma.

•  La paciencia para sobrellevar el sufrimiento producido por aquellos que nos dañan.

El Lam Rim nos dice que una mente no puede experimentar dos estados de conciencia opuestos al mismo tiempo. Por lo tanto, mientras practicamos la paciencia, no podemos sentir enfado. Eso convierte a la paciencia en el mejor antídoto contra el enfado.

También, en los textos de Je Tsong Khapa, se describen las causas del enfado, las desventajas de no controlarlo y los beneficios derivados de la práctica de la paciencia, los méritos que se acumulan y los resultados que se experimentan en esta vida y en las futuras.

¿Cómo funciona el enfado?. Si llegamos hasta su raíz, descubriremos que tras el enfado, siempre se esconde una mente infeliz, insatisfecha y frustrada. Podemos utilizar nuestra propia experiencia para investigar.

Esta mente infeliz tiene su causa en:

•  Uno mismo , una actitud personal que no nos gusta crea una mente infeliz de la que, después, surge el enfado.

•  Por los amigos cuando cometen un error o hacen algo que nos desagrada.

•  Lo más normal, por nuestros enemigos . Si nuestro enemigo es feliz, nos enfadamos.

•  Puede deberse a un objeto inanimado . Al entrar en contacto con una forma o un sonido que no nos gusta, aparece una mente infeliz y de ahí , surge el enfado.

Estas causas se refieren al pasado, al presente o al futuro. Así, de acuerdo con estas divisiones, en el Abhidharmakosa de Vasubhandu, se presentan cuatro fuentes y doce tipos o pretextos para el enfado.

En cuanto a los resultados negativos del enfado, éstos son:

•  Para uno mismo.

•  Para las personas cercanas y amigos.

•  Para los enemigos, la gente que no nos gusta.

En este curso seguiremos el “Bodhicaryavatara”, de Shantideva. El texto comienza mencionando las desventajas del enfado. 

2. E l poder destructivo del enfado

I

“Todas estas buenas acciones:

la generosidad, la veneración a los Budas,

el bien hecho durante millares de kalpas

todo queda destruido por el odio”.

Este verso habla de la destrucción de méritos que un momento de enfado o de ira puede provocar.

Hay dos formas de reunir méritos: una, por las virtudes acumuladas gracias a la práctica de la generosidad, por la disciplina y por el comportamiento ético: y, otra, por la acumulación de sabiduría. En este caso, cuando hablamos de méritos, nos referimos a los primeros, ya que los logrados por la sabiduría no se destruyen por un momento de enfado

Para situarnos, estamos hablando del camino Mahayana, la vía superior en la que se genera la bodhichitta, que es el deseo de lograr la Iluminación para beneficio de todos los seres sintientes. Por lo tanto, al hablar de eones de pérdida de méritos, es necesario hacer una distinción entre los seres comunes y los bodhisattvas. Si, por ejemplo, una ser normal se enfada con un bodhisattva, destruye mil eones de méritos; pero si es un bodhisattva se enfada con otro del mismo nivel, la pérdida de méritos sólo es de cien eones. Esto quiere decir que tenemos que vigilar muy bien el objeto de nuestro enfado.

Hay, atendiendo a quién la practica, tres tipos de virtud:

•  La virtud relacionada con la creación de méritos de un ser común.- Es la virtud lograda por un ser que ni ha logrado la liberación, ni es un bodhisattva, ni ha realizado directamente la vacuidad de existencia inherente.

•  La virtud relacionada con los méritos de un ser que ha logrado la liberación del samsara, del ciclo de sufrimiento.

•  La virtud generada por un bodhisattva en el camino Mahayana.- La del ser que ha logrado la realización directa de la vacuidad y que ha alcanzado la mente de la bodhichitta.

Al hablar de los “méritos destruidos por el poder del enfado”, nos referimos a los de los seres comunes y no a los del bodhisattva que ha tenido la experiencia directa de la vacuidad.

En los textos, hallamos estos tres aspectos de la virtud:

•  La definición. ¿Qué es.?

•  Las causas: ¿Cómo surge?.

•  Cómo funciona: ¿Cuál es su modo de existir.?

El poder del enfado como una no-virtud depende de varios factores:

•  Del objeto hacia el que lo dirigimos.- La fuerza destructiva del enfado dependerá de hacia quien o qué se dirija, desde un objeto inanimado hasta un bodhisattva.

•  De la acción en sí.- Si es un enfado muy fuerte, que no se logra controlar o que dura mucho tiempo, entonces la no-virtud aumenta.

•  Del regocijo.- Si, además, nos regocijamos, no sentimos tristeza ni arrepentimiento, la no virtud tendrá mucha más fuerza.

Un ejemplo de la fuerza de la no-virtud del enfado dependiendo del objeto lo tendríamos si hubiéramos venido a escuchar enseñanzas pensando en otras cosas que podíamos estar haciendo y por esta razón nos enfadáramos. En este caso, al tomar como objeto de enfado las enseñanzas, la no-virtud tiene cierta fuerza. En los Sutras (palabras de Buda recogidas por sus discípulos) se dice: “ Yo sé quién es un objeto adecuado o no; pero, aparte de mí, nadie puede saberlo” . “Este Sutra nos advierte de que, cuando el objeto de nuestro enfado es una persona, debemos ser cuidadosos, porque carecemos de la capacidad para conocer cuándo estamos ante alguien con realizaciones o no. Solamente un Buda tiene clarividencia y puede conocerlo todo (omnisciencia) y sólo El sabe el nivel de práctica en el que se halla cada uno. Si nosotros no nos acordamos de nuestras vidas pasadas y no podemos saber nada de las futuras, ¿cómo podemos pretender saber quién es cada persona en esta misma vida?. Por eso, es muy peligroso señalar: “ Esta persona es mala, esta otra es buena, etc.” No podemos juzgar con sabiduría, así que hay que cuidarse de estos tipos de comportamiento.

A la hora de juzgar nos tenemos que basar en lo que percibimos, en las apariencias y éstas no son muy fiables. Por ejemplo, se cuenta la historia de Asanga, que, durante dos años de retiro, estuvo pidiendo que su maestro, Maitreya, se pudiera en contacto con él, sin resultado alguno; hasta que un día, al salir de su retiro, se acercó a un perro maltrecho, con gusanos en sus heridas y con compasión le curó. Este perro herido resultó ser Maitreya. Es decir, gracias a los méritos que Asanga había acumulado, pudo tomar contacto con su maestro

Este ejemplo nos sirve para comprender que las apariencias engañan y no podemos fiarnos de ellas. Nuestro problema es que, a la hora de emitir juicios, partimos de las impresiones que la ignorancia ha ido dejando en y que velan cualquier mínima expresión de sabiduría. Debido a esta ignorancia, no podemos conocer lo que se esconde tras las apariencias; y es ahí donde radica el problema, porque es en estas apariencias en lo que nos basamos a la hora de juzgar. Ye Tsong Khapa nos ofrece una analogía de nuestras apariencias: “ Es como una tierra de arenas movedizas. Aparece como un suelo sólido, pero cuando se camina sobre él, se hunde”. Igualmente ocurre con el objeto con el que nos enfadamos, parece una cosa que no es. Es muy importante, pues, vigilar el objeto de nuestro enfado. Un consejo: cuando surja el enfado por una persona, debemos verle como a un ser superior. Ya que por el momento no estamos en situación de erradicar totalmente el enfado, al menos, podremos rebajarlo. Por esto, es muy importante ver a cualquier persona como un objeto supremo; hacerlo una y otra vez con el fin de rebajar el daño que podamos hacer a los demás.

Hemos visto la fuerza del enfado, el objeto hacia el que se dirige y sus consecuencias. Ahora veremos el modo en cómo surge.

La virtud es una mente con semillas e impresiones de virtud. También existe la no-virtud, que también es una mente y que también tiene semillas e impresiones. El enfado ataca tanto a la virtud como a las semillas y a las impresiones (que constituyen un nivel más sutil). Afecta, profundamente, a estos tres niveles. Esto se afirma en los textos de Madhyamika, en los versos de Shantideva y en el Lam Rim.

Los resultados de la paciencia pueden ser manifiestos o no manifiestos.

Resultados no-manifiestos de la paciencia .- Sólo un Buda tiene capacidad para verlos, nosotros, no. Por ejemplo, llegamos a casa, hacemos las postraciones a los Budas y esta acción genera una mente virtuosa; después, nos enfadamos y esta mente se destruye. Nosotros no podemos ver cómo ocurre, no estamos capacitados para percibirlo directamente; por eso, para poder identificar estos resultados, tenemos que recurrir a la razón, a la lógica, al análisis, y a los textos basados en las enseñanzas de Buda.

Esto, en lo que se refiere a los resultados; en cuanto a las impresiones, que son más sutiles aún que las semillas, hay una historia acerca de un discípulo de Buda que, antes de serlo, andaba como un mendigo. Una noche llegó a un lugar abandonado para dormir, encendió una vela y provocó un incendio. De repente, vio reflejada en la pared la imagen de una persona sagrada. Generó gran fe y devoción e hizo oraciones diciendo: “¡ Ojalá en el futuro pueda encontrarme con un ser tan perfecto ! ”. Gracias a esta oración y devoción sincera, logró encontrarse, más tarde -como uno de sus discípulos más cercanos- con Buda Sakyamuni. Con esta historia, se demuestra que una acción virtuosa deja siempre una impresión en la mente. Por eso, es importante, cuando tenemos un altar, considerarlo, y no dejarlo de cualquier manera. Por la mañana, al levantarnos, y por la noche, antes de ir a dormir, debemos hacer los ofrecimientos y rituales, porque esta acción deja buenas impresiones en nuestra mente.

Retomando el verso de Shantideva, en él se nos advierte de los resultados negativos del enfado, aunque también se nos asegura que existen formas de mitigar sus efectos. Para ello, se nos ofrece el método que nos permitirá aminorar los daños producidos y que consistirá en reducir los objetos de enfado, poco a poco, de la misma forma en que comemos; es decir, habitualmente, todos los días de nuestra vida.

Se dice que el problema de Occidente es la falta de tiempo para sentarse, practicar y cumplir los compromisos, porque hay mucho trabajo y muchas ocupaciones. Pero, para practicar la paciencia no es necesario sentarse; podemos utilizar cada momento de nuestra vida cotidiana. La práctica habitual de la paciencia conlleva una acumulación de méritos muy poderosa. Por ejemplo, cada día tenemos un montón de cosas que hacer y muchos problemas y obstáculos a los que enfrentarnos; también debemos meditar y todo nos resulta muy difícil porque apenas tenemos tiempo. En estos momentos, es cuando debemos recurrir a la paciencia. Otro ejemplo: nos vemos obligados a mantener relaciones de trabajo, de vecindad o de amistad con los demás; aquí la paciencia se hace indispensable.

Comprobamos que la paciencia es buena en cualquier circunstancia y en cualquier momento. Con la práctica de la paciencia, evitamos la no-virtud y acumulamos méritos, gracias a los cuales, obtendremos logros en el futuro. Por lo tanto, considerando que paciencia y acumulación de méritos van unidos, debemos practicar la paciencia en cada momento de nuestra vida.

En uno de los textos del Lo Yong, “Los Ocho Versos del Adiestramiento Mental”, se dice: “El resultado de la virtud es la felicidad, y la paciencia es el mejor método para lograr virtud. Es como un tesoro” . ¡Quién no desea encontrarse con un tesoro! Hay que considerar la práctica de la paciencia como algo muy valioso, porque nos conduce en el camino del bodhisattva hacia la felicidad última. En los textos también se dice, por el contrario, que la no-virtud nos lleva hacia un futuro sufrimiento. Para no incurrir en la no-virtud, necesitamos practicar la paciencia en todo momento. En cada circunstancia negativa que haya en nuestra vida cotidiana, tenemos que recordar que la paciencia es un tesoro, gracias al cual, conseguiremos la felicidad.

La primera es aquella que debemos tener con las personas que nos dañan, que nos molestan. Si, en esta vida, sólo nos rodeamos de unos padres generosos y bondadosos con nosotros; de lamas, amigos, y gente que nos gusta y que no nos causa conflicto alguno, no se nos presentará la ocasión de practicar la paciencia, y no avanzaremos en el camino. Necesitamos objetos de enfado para poder practicar. Por ejemplo: todo es muy bonito al comienzo de una relación pero cuando empieza a deteriorarse, nuestras emociones se transforman y aparece el enfado. O con el lama: la relación es muy buena y al cabo de un tiempo, se convierte en objeto para la práctica de la paciencia. Es, en este sentido, por lo que decimos que resulta necesario e incluso indispensable, relacionarnos con personas que nos molestan.

Una vez tenemos ante nosotros el objeto que no nos gusta, antes de que el enfado aparezca, debemos aplicar el antídoto, porque, una vez se ha presentado, es muy difícil poner en práctica la paciencia para luchar contra él. Estar alertas al surgimiento del enfado hace que tengamos presentes las consecuencias de nuestra ira para con nosotros mismos, nuestros amigos, vecinos, etc, y no sólo en el momento presente, sino después, y no sólo en esta vida, sino en las siguientes. Reflexionar sobre las faltas del enfado es la práctica de la paciencia..

Resultados manifiestos .-

Hemos visto los resultados no manifiestos del enfado, ahora veremos lo más obvio: las sensaciones que experimentamos.

Cuando estamos enfadados, no somos ecuánimes y menos aún, tenemos una mente virtuosa, positiva; somos gobernados por una mente no-virtuosa, perturbada, sin control alguno, que no está en paz. Con este tipo de mente, no podemos llevar a cabo acción alguna que sea de beneficio para nosotros.

Otra desventaja: hay varios tipos de felicidad en virtud de su relación con cada una de las conciencias; por ejemplo, la felicidad relacionada con la conciencia visual, la auditiva, etc. y la felicidad conectada a la conciencia mental. Con el enfado, perdemos, además de nuestro potencial para generar virtud, la posibilidad de experimentar cualquier felicidad.

Seguimos con las desventajas obvias del enfado: Cuando estamos enfadados, aunque tengamos la más cómoda de las camas, la mejor casa y el silencio necesario, no podemos dormir; y, aún en el caso de conseguirlo, nuestro sueño no es de buena calidad; nos pasamos la noche dando vueltas y nos es imposible encontrar paz. Esto es algo que todos hemos podido experimentar alguna vez.

Cuando estamos enfadados, no controlamos nuestras palabras, hablamos fuerte y con dureza e insultamos a los demás. A veces, golpeamos la mesa, llegando incluso a dañarnos a nosotros mismos.

Otro ejemplo: estamos aquí gracias a la bondad de nuestros padres, y sin embargo, y a pesar de esta fuerte conexión, un enfado puede acabar totalmente con esta relación. Después, ni los padres, amigos o vecinos querrán acercarse. Esta es otra de las desventajas del enfado.

Enfadados, somos totalmente infelices y buscamos la felicidad por otros medios, ya sea con alcohol, drogas, etc. De esta manera, malgastamos nuestra vida y nos autodestruimos. Pero, ¿a qué se debe esto? : la fuente está en el enfado. Estos resultados negativos los podemos llegar a experimentar por nosotros mismos sin tener que acudir a los textos.

Si tenemos costumbre o una cierta tendencia al mal carácter, la gente se aleja de nosotros y se pierden, poco a poco, todas las relaciones, hasta llegar a encontrarnos solos. En esta vida es necesario y agradable tener amigos y gente que nos apoye, pero, por culpa del enfado, podemos llegar a estar solos y vivir una vida miserable. Si, por el contrario, practicamos la paciencia, no hablamos mal y ayudamos al otro, tendremos como resultado muchas y buenas relaciones y nuestra vida será entonces agradable.

Podemos concluir por hoy diciendo que está claro que una persona que está enfadada no es feliz; que no pueden coexistir el enfado y la felicidad y no hay manera alguna de que esto suceda así. El enfado es infelicidad y cuando somos presas de él, carecemos de paz mental y ecuanimidad.

Todo esto se relaciona con el pasado, el presente y el futuro. Debemos practicar la paciencia porque al hacerlo así, obtenemos resultados a corto, medio y largo plazo, en esta vida y en las siguientes. Esta es la conclusión de estas enseñanzas. 

PEGUNTAS 

P. ¿El enfado destruye la virtud que ya se ha dedicado? 

R: Hay tres tipos de virtudes: los méritos normales de alguien común y corriente, los méritos de alguien que ha llegado a la liberación del samsara y los méritos de alguien que ha generado la bodhichitta y que está en el camino de la budeidad. Son los tres tipos de méritos. Nosotros estamos en el primer nivel, creando méritos comunes. Al hacer una dedicación de estos méritos aunque algo disminuye o se pierde con el enfado, por lo menos se protege una parte de esta virtud creada.

3. E l enfado como causa del sufrimiento

Nagarjuna decía que, como consecuencia de un karma negativo, se experimentan sufrimiento y renacimientos en reinos inferiores; y como consecuencia de un karma positivo, felicidad y renacimientos en reinos superiores.

Podemos ver la relación que hay entre la causa y su resultado, siempre están conectados, no hay causa por un lado y resultado por otro. Todo lo que experimentamos no depende ni de los Budas, ni de un dios creador, sino de nosotros mismos; y así como el fruto depende de sus semillas, de un karma creado, se obtiene el resultado correspondiente.

De todas las acciones no virtuosas que podamos llevar a cabo, las más pesadas, en cuanto a su resultado, son el enfado y el odio. Ya hemos visto en las enseñanzas, que hay tres tipos de sufrimientos:

•  El sufrimiento del sufrimiento.

•  El sufrimiento del cambio, y

•  El sufrimiento que lo impregna todo.

El sufrimiento del sufrimiento tiene su fuente en el enfado y el odio. También decíamos que en el samsara hay tres reinos: el reino del deseo, de la forma y de la no-forma y que nosotros estamos en el reino del deseo. En los reinos superiores de la forma y de la no-forma no existe el sufrimiento del sufrimiento. Aún cuando no han erradicado todo el sufrimiento, en su experiencia no hay lugar para el enfado y por eso, no experimentan sufrimiento.

Sin embargo, en nuestro reino, el del deseo, el problema principal que tenemos es la no-virtud, y sobre todo, el odio y el enfado. El antídoto para el enfado es la paciencia. Es muy importante practicarla para lograr reducir el enfado y obtener felicidad para el futuro.

Shantideva dice: “ La raíz de todo sufrimiento es una actitud no virtuosa, y el enfado es la principal y más poderosa de todas las actitudes no virtuosas

¿De dónde surge el enfado?. De una mente que se siente infeliz. ¿Por qué?. Los motivos pueden ser varios: porque estamos apegados a un objeto y lo perdemos; porque carecemos de bienes materiales; o porque nos menosprecian, insultan o nos infligen malos tratos. He aquí algunas de las causas para una mente infeliz precursora del enfado.

4•  E vitar el enfado alejando su objeto

Vasubhandu dice: “ Es mejor tener el objeto de nuestro enfado lejos ”. Es importante considerar que la raíz de nuestros problemas está en nuestros engaños y las impresiones que las acciones que realizamos bajo el efecto de estos engaños, dejan en nuestra mente. Cuando tenemos frente a nosotros el objeto de enfado, es bueno alejarnos de él. Debemos reconocer nuestra falta de independencia con respecto a estos factores externos a nuestra propia voluntad, que son nuestros engaños y las impresiones depositadas en nuestra mente.

VIII

“Debo erradicar totalmente

el sustento de este enemigo

porque su único propósito

es causarme daño”.

El enemigo es el enfado y su antídoto, la paciencia. Como el cuerpo que necesita comida para alimentarse, este enemigo interno necesita sustento y cuanto más alimento se le da, más crece. Cuando algo nos enfada, lo mejor es relajar nuestra mente y tratar de olvidarlo.

Ya hemos visto los resultados manifiestos y no manifiestos del enfado Es bueno mantener un estado de ecuanimidad, de paz mental para poder controlar la aparición del enfado y acabar con él. ¿Para qué poner fin al enfado? Para evitar, pensando no solamente en esta vida, sino también en las futuras, la destrucción de las virtudes acumuladas. Cuanto más cultivamos la paciencia, más disminuye el enfado y más virtud acumulamos. En cada momento de nuestra vida, debemos mantener una mente suficientemente relajada para impedir el enfado.

Tenemos enemigos, personas que no nos gustan, pero es posible que esto no haya sido siempre así. Puede que, en el pasado, hayan sido sólo unos desconocidos o, incluso, amigos, aunque hoy ya no los consideremos así. Tampoco tenemos la certeza de que estas personas vayan a ser enemigos para siempre, no sabemos lo que puede ocurrir. En un momento dado, unas buenas palabras o una actitud positiva por nuestra parte pueden hacer que esta relación dé un vuelco, no es una relación fija.

Hablamos del “enemigo interno”, el enfado siempre latente en nuestro interior. El “enemigo externo” puede entrar y salir de nuestro círculo, pero el enfado permanece con nosotros siempre, listo para aparecer en cualquier momento. No se va fácilmente y mientras no hagamos algo al respecto, estará ahí siempre con nosotros. Tenemos que adoptar actitudes muy firmes para poder contrarrestarlo porque estamos ante un enemigo mucho más resistente que cualquier otro “externo”.

Dice este verso que hay que cortar con el sustento del enemigo, pero ¿cómo hacerlo?. Teniendo una mente atenta, equilibrada y en paz. Cuando la mente está en este estado, prevé lo que va a suceder y es consciente de las emociones y del sufrimiento. Este es el único método que nos permite advertir la aparición del enfado para poder cortar a tiempo con él. Se trata de una práctica que nos ayuda a estar atentos y vigilantes ante lo que pueda estar sucediendo. De hecho, la naturaleza de nuestra mente es positiva y pura, aunque estén presentes en ella emociones conflictivas como el enfado y el odio, - los engaños más poderosos - capaces de ocultar su naturaleza pura. De ahí, la importancia de tener una mente en paz y en calma. 

IX

“Pase lo que pase

no permitiré que nada perturbe mi alegría mental

porque si soy infeliz no lograré lo que deseo

y mis virtudes disminuirán”.

 

Nuestro día a día está lleno de problemas y dificultades -nosotros mismos, nuestra familia, amigos, etc- que podemos utilizar como pretexto para seguir manteniendo una mente infeliz. Pero así no se consigue nada, no tiene utilidad alguna permanecer infelices y frustrados. Tenemos que conseguir la paz y el equilibrio mentales que nos sirvan de base para llevar a cabo acciones positivas, como cuando estudiamos, reflexionamos o meditamos o, como por ejemplo, cuando ante una enfermedad practicamos el Tong-len y nos cambiamos por otros con el fin de acumular méritos. Para todas estas practicas necesitamos la base común de una mente en paz.

5. E vitar la preocupación

 X

"¿Qué sentido tiene ser infeliz por algo

que se puede remediar

y de qué sirve ser infeliz por algo

que no tiene remedio?" .

De hecho, si lo pensamos, tiene mucha lógica. Cuando tenemos un problema hay dos opciones: tiene solución o no. Si la hay, ¿para qué preocuparse?. Sólo hay que poner en marcha el método idóneo que nos permita darle una solución al problema. Creer en la ley del karma, - causa y resultado – nos facilita producir causas que den como resultado el fin del problema. Y si estamos ante un problema que no tiene solución, ¿para qué preocuparse?. No sirve de nada. La preocupación no va a solucionar el problema. En este caso, y puesto que no hay método alguno que nos permita solucionarlo, lo mejor es renunciar a resolverlo. Este consejo de Shantideva es un buen consejo que siguen los tibetanos. 

•  Mantener una mente ecuánime

XI

“Para mis amigos y para mí

no quiero sufrimientos, desprecios

ofensas y cosas desagradables

pero para mis enemigos deseo lo contrario”.

Nuestras relaciones con los demás son de tres tipos: los amigos, los que nos resultan indiferentes y los enemigos, la gente que no nos gusta. A cada uno de ellos, les deseamos cosas diferentes, según el grupo en el que los incluyamos. Para nosotros mismos y para nuestros amigos deseamos placeres, felicidad, bienes materiales, confort, fama y buena reputación. Para las personas que nos resultan indiferentes, en realidad, no nos importa lo que les pase. Y, por último, deseamos que nuestros enemigos sean muy infelices, que sean pobres, que no tengan buena reputación, etc ... regocijándonos, cuando alguna de estas circunstancias se da. Esta última actitud, según Shantideva, es equivocada, porque no tiene sentido alguno desear el sufrimiento, desprecio, ofensas y todo lo desagradable para nuestros enemigos y no hacerlo así para nosotros mismos.

Lograr la felicidad es difícil. Cuando parece que lo hemos logrado, enseguida tenemos que asumir que estamos ante algo temporal, no duradero. Da igual que, para obtener un poco más, trabajemos desde la madrugada hasta el anochecer, eso no nos dará como resultado una felicidad duradera y cada vez que nuestra felicidad acabe y se transforme en infelicidad, caeremos en la frustración y el sufrimiento. Todo surge y desaparece una y otra vez. Es una rueda que da vueltas sin parar durante toda nuestra vida. No hay nada estable. Tenemos que ser conscientes de este girar al que llamamos samsara, aceptarlo y no andar cegados persiguiendo siempre la felicidad y queriendo negar el sufrimiento. La aceptación del sufrimiento es un punto muy importante.

7. A ceptar el sufrimiento

XII

"A lgunas veces hay motivos que causan la felicidad

pero las causas del sufrimiento son numerosas”.

“Sin sufrimiento no hay renuncia,

por lo tanto mi mente se debe mantener firme ".

Es muy importante reconocer la utilidad del sufrimiento, porque sin esto, no hay base para la renuncia al samsara. Cada día, cuando nos enfrentamos con el sufrimiento y con la insatisfacción, tenemos una preciosa oportunidad para observar nuestra estado mental, reflexionar y meditar. Si no nos hemos tenido que enfrentar a muchas dificultades en la vida, difícilmente podremos practicar la paciencia y soportar el dolor o la insatisfacción. Por eso, podemos empezar nuestra práctica con aquello que tenemos más a mano: con los problemas y complicaciones que la vida cotidiana nos proporciona.

XIII

“¿Si algunos ascetas y seguidores del Karmapa

soportan el dolor de cortes y quemaduras sin razón

¿por qué no voy a hacerlo yo

para alcanzar la liberación?”.

En este texto, se describe el increíble sufrimiento que soportaban los ascetas del pasado, en India -todavía aún los hay- caminando sobre el fuego o manteniéndose inmóviles durante años, etc. Y ¿cuál era el propósito de estas actitudes sino lograr la felicidad última?. De otra forma, no tendría sentido pasar por esos sufrimientos.

Ahora bien, si dirigimos nuestra mirada hacia esas personas que, por ejemplo, por escalar una montaña, se ven sometidos al frío y a otras muchas calamidades con el único propósito de hacerse famosos, en este caso, estamos ante un propósito distinto y muy limitado. 

XIV

" No existe nada

que no resulte más fácil gracias a la costumbre.

Así que, si uno se acostumbra a soportar los males menores

aprende a aceptar con paciencia los mayores ".

Esto lo vemos en nuestra vida cotidiana. Podemos empezar soportando dolores o molestias pequeñas y poco a poco, nuestra capacidad para sobrellevar el sufrimiento y la infelicidad aumentará.

Ocurre igual con cualquier practica virtuosa como, por ejemplo, la generosidad. Alguien a quien le cuesta mucho dar, puede empezar dando una sola moneda, una cosa pequeña y así, poco a poco, ir incrementando esta generosidad, hasta ser capaz de deshacerse de todas sus pertenencias, incluso de poder llegar a dar su cuerpo para el beneficio de los demás. No se le pide a nadie dar su cuerpo ahora mismo puesto que se trata de una práctica del camino de los bodhisattva. Cualquier cualidad se puede lograr con esfuerzo, determinación y con la práctica repetida una y otra vez, hasta llegar a acostumbrarnos.

XV

“¿Quién no ha visto sufrimientos insignificantes

como picaduras de insectos y serpientes,

situaciones de hambre y sed

y sarpullidos sin importancia?”

El verso siguiente menciona las experiencias de dolor que podemos tener cuando nos pican los insectos o las serpientes (no es el caso en nuestro país). Estos pequeños sufrimientos nos dan la oportunidad, mientras los soportamos, de practicar la paciencia. Por ejemplo, la picadura de un insecto es algo que no podemos evitar porque no tenemos control sobre la situación, así que, la mejor solución es soportar esos dolores sin enfado.

Nuestra vida durará cien años como máximo, setenta u ochenta para la mayoría. Durante este tiempo, vamos a tener que experimentar pequeños sufrimientos, frustraciones e insatisfacciones que nos pueden servir para practicar y dar un significado a nuestra vida, porque, como ya hemos visto, frustrarse, enfadarse y reaccionar siempre negativamente no tiene sentido. Es el momento de empezar a practicar la paciencia. Gracias a ella podremos tener una vida mucho más feliz, independientemente de las personas, circunstancias o experiencias que nos vayamos encontrando.

XVI

“No debo impacientarme

con el frío y el calor, el viento y la lluvia

la enfermedad, las vejaciones y los golpes;

porque si lo hago, me causarán un daño mayor.

Entre las muchas diferencias que hay entre mente y cuerpo, hay una que es que, a partir de cierta edad, el cuerpo se degenera, pierde capacidades, fuerza, poder; el pelo se vuelve blanco, engordamos, y llegamos a la vejez etc. Hay quien se estira la piel, pero ¿para qué?. De todas formas, el cuerpo sigue su proceso de envejecimiento. Los tibetanos, con los rasgos que tienen..., no puedo imaginar si se estiraran la piel, resulta inconcebible.(Riendo).

Con la mente es distinto. Al practicar habitualmente, la mente mejora y sus cualidades se desarrollan. De hecho, la palabra "meditación" en tibetano quiere decir "familiarizarse". Cuando nos acostumbramos a meditar y a practicar virtudes como la generosidad, paciencia, etc., la calidad de nuestra mente mejora. Como veis el proceso es inverso al del cuerpo.

Seguidamente, se habla de aquellos que, al ver derramarse su propia sangre, incrementan su valor:

XVII

" Algunos se sienten más audaces

al ver su propia sangre

pero otros al ver la sangre ajena

se marean y pierden el conocimiento ".

Las distintas formas de actuar dependen de los hábitos mentales. Es una reacción mental individual o personal que se puede modificar. Si logramos tener una mente feliz, el enfado y la frustración disminuirán.

Ayer mencionamos que la definición de paciencia es la de una mente imperturbable ante los obstáculos y dificultades externas que acepta voluntariamente estas pruebas. Es cierto que en cualquier momento de nuestra vida nos enfrentamos con el dolor y la enfermedad. Nuestro cuerpo es lo que llamamos un cuerpo contaminado que pasa por los sufrimientos de nacer, enfermar, envejecer y morir. La enfermedad, a veces leve, otras grave, nos puede sobrevenir a cualquiera, en cualquier momento. Es entonces cuando se nos brinda la oportunidad de practicar y de aceptar voluntariamente el sufrimiento. Aunque nuestro cuerpo decaiga, la naturaleza de nuestra mente siempre es de Luz Clara. Recordar esto es una manera de seguir adelante, además de un buen método para apaciguar nuestra mente.

XVIII

“Estas reacciones dependen

de la firmeza o la timidez mental.

Por tanto, debo despreciar estos daños

para evitar que me afecte el sufrimiento.

Cuando alguien nos ataca, nos insulta o dice palabras que no nos gustan, ¿para qué enfadarse?. Sólo son sonidos que pasan, hacen ruido, y, después, se van. ¿Qué sentido tiene convertirlos en algo permanente y sólido a lo que poder aferrarnos?. Es mejor dejar el pasado donde está y practicar la paciencia para tener una mente feliz y equilibrada. Con esta mente, podremos, no sólo ayudar a los demás, sino practicar la meditación, la concentración etc.

Además, con nosotros mismos ya tenemos bastantes problemas, sin necesidad de añadir más factores y elementos de conflicto. ¿Es que no nos damos cuenta de que caemos en un comportamiento totalmente absurdo?.

8. A ceptar a las personas que nos molestan

XIX

"C uando los sabios sufren

mantienen la pureza y la lucidez mentales

porque cuando se emprende una guerra contra el mal

se padecen graves daños en la contienda ".

XX

“Despreciando todo sufrimiento,

los auténticos vencedores

derrotan a su enemigo, el odio;

los demás sólo acumulan cadáveres”.

En la guerra, cuando un peligro acecha, los soldados buscan refugio en una cueva o en un lugar resguardado. Pero con nuestro “enemigo interno”, esto no resulta tan fácil. Los engaños, - el odio y el enfado en este caso -, siempre están latentes y no existe una cueva capaz de cobijarnos. Nos producen mucha infelicidad.

El héroe, ante las dificultades u obstáculos de la vida, los acepta voluntariamente y combate contra el enemigo interno del odio y el enfado. Esto es lo que hace realmente un héroe. No se trata de luchar con enemigos externos, sino consigo mismo, aceptando el sufrimiento y practicando la paciencia.

También podemos verlo así: la gente que nos molesta y a los que consideramos como obstáculos tendrán que morir también. Van a experimentar el proceso de envejecer, enfermar y morir. Entonces ¿para qué preocuparnos? Mejor verlos como cadáveres, pues en algún momento es lo que serán. ¡Esa es la buena visualización que uno tiene que hacer con sus enemigos externos! (dice Geshela riendo).

Además, no tenemos control sobre ellos. Por ejemplo, puede que exista ahora una persona que nos molesta, pero, en cualquier momento, desaparecerá de nuestra vida dando paso a otra que nos volverá a poner a prueba. Así que siempre, aunque cambie nuestra situación, nos encontraremos con gente que nos molesta. Por eso, es mejor aceptar a estos “enemigos” que rechazarlos, porque el más importante es el enemigo interno de los engaños. Este si permanece. Podemos cambiar de enemigo externo, pero el interno siempre lo llevamos dentro; y lo único que podemos hacer con él es aceptarlo y practicar la compasión por nosotros mismos.

En este libro de Shantideva se nos presenta una analogía muy clara. Si caminamos descalzos por el desierto, nos pincharemos con las espinas. Para evitarlo, podemos cubrir todo el desierto o la tierra entera con cuero para no pincharnos o, podemos poner cuero en la planta del pié. Las espinas representan los enemigos externos, ¿Cómo vamos a acabar con ellos, si son infinitos como la tierra?. Es mucho más lógico cubrir la planta del pie, o sea, controlar, trabajar con nuestra propia mente para que no sea dañada por las espinas de los conflictos y problemas que tenemos en la vida.

XXI

“Además, el sufrimiento tiene cualidades positivas:

gracias al sufrimiento que causa, se disipa la arrogancia,

surge la compasión en quienes tienen una existencia cíclica,

el mal se aleja, y se encuentra la alegría en la virtud”.

Una vez, Buda fue a visitar a los dioses. Estos se sentían tan orgullosos por su estado y su gran felicidad, que no podían meditar, ni seguir adelante en su camino hacia la Iluminación. Estaban muy limitados, pero no se daban cuenta. Buda irradió una luz tan fuerte que los cegó y, de esta forma, perdieron la arrogancia, pudieron abrirse a sus enseñanzas y seguir adelante en el camino. La ventaja de los sufrimientos y problemas es que rebajan el orgullo y nos permite abrirnos y poder practicar.

9. T odos generamos las mismas causas

XXII

“Si no siento indignación

por los sufrimientos graves como la ictericia,

¿por qué voy a indignarme con los seres animados?.

también ellos están provocados por otros factores”.

XXIII

“A pesar de que nadie las desea,

estas enfermedades aparecen;

y de igual modo, aunque nadie los desea,

surgen estos sentimientos nefastos”. 

XXIV

“Sin pensar: “Voy a enfadarme”,

la gente se enfada fácilmente,

y sin pensar: “Voy a producirme”

la ira se produce a sí misma”. 

XXV

“Todos los errores

y todas las maldades

están condicionadas por otros factores:

no se gobiernan a sí mismas”. 

XXVI

“Estos factores que se unen

no tienen intención de producir nada,

y tampoco su producto

tiene intención de ser producido” 

XXVII

“Lo que se conoce como Sustancial Primordial

y lo que se denomina Ser,

(puesto que no se producen) no surgen de un pensamiento

deliberado: “surgiré (para causar daño)”. 

XXVIII

“Si no se producen y no existen

cualquier deseo de causar mal tampoco existirá.

El hecho de que (el Ser) retenga sus objetos de forma

permanente significa que nunca dejará de hacerlo”.

XXIX

“Además, si el Ser fuera permanente

no tendría capacidad para actuar, como el espacio.

Incluso si existieran otros factores

su naturaleza invariable no se veía afectada”. 

XXX

“Si la presencia de otro factor no cambia nada,

¿qué efecto pueden tener sus acciones?.

Si digo que este factor influye en un Ser permanente,

¿qué relación causal puede haber entre los dos?”.

XXXI

“Por lo tanto, todo está determinado por otros factores

(que a su vez están determinados por otros),

y de este modo anda se determina a sí mismo.

Tras comprender esto no debo enojarme

con los fenómenos que parecen apariciones” . 

XXXII

“Si todo es irreal como una aparición, ¿cómo podemos

contener la ira?.

Sin duda, en este caso sería inapropiado.—No sería

inapropiado, porque debo admitir

que al contener la ira el sufrimiento se reduce”. 

XXXIII

“Así pues, cuando vea a un enemigo o a un amigo

cometer una acción impropia

pensando que está condicionado por otros factores

lograré mantener la felicidad”.

XXXIV

“Si las cosas ocurrieran por gusto,

puesto que nadie desea sufrir,

ningún ser humano

padecería sufrimientos”

Mientras vivamos en samsara, en esta rueda, tendremos que experimentar sufrimiento y enfrentarnos a él. Pero ¿cual es la causa del sufrimiento? La respuesta se encuentra en la segunda de las Cuatro Nobles Verdades enunciadas por el Buda: el karma y los engaños. Es una causa común para todos los seres que viven en este mundo.

Cuando reflexionamos sobre esto, primero, lo hacemos sobre nuestro sufrimiento y después abrimos esta comprensión para el sufrimiento de los demás hasta despertar nuestra compasión por todos los seres. Con esta reflexión entendemos que no somos independientes, que estamos bajo el control de los engaños y, que los demás se encuentran igual que nosotros. Pensar que gracias al sufrimiento podemos abrirnos y ayudar a los demás es algo muy positivo que tiene que darnos mucha satisfacción. Si tenemos claro que la práctica de la virtud tiene como resultado la experiencia de la felicidad, generaremos confianza y entusiasmo para la práctica.

Cuando nos preguntamos por las razones que desencadenan la ira y el enfado en el otro, nos encontramos siempre con una mente perturbada. Igual pasa con nosotros. Si estamos enfermos y sentimos dolores, nuestra mente se altera, ¿por qué no les va a pasar igual a los demás? y ¿qué sentido tiene enfadarse con alguien que tiene los mismos problemas que nosotros y que, como nosotros, no los puede controlar?. Esto en lo que respecta al cuerpo, ¿y con la mente?. Aún peor. La mente depende de factores externos y, además, de sus propios engaños, de las semillas dejadas por estos engaños y, ya en un nivel más sutil, de las impresiones. Somos esclavos de estos engaños y también lo es el otro de los suyos porque tampoco ejerce control alguno sobre ellos.

Debemos reflexionar de esta manera cuando nos relacionamos con los demás. Por ejemplo, si un niño se vuelve “loco”, los padres reaccionaran, desde luego, pero aún cuando tengan que pegarle para corregir su comportamiento, no lo van a hacer con odio y enfado, porque saben que el niño ha perdido el control, que su mente está perturbada y que no se le puede culpar. Este ejemplo sirve también para la gente que nos daña. En ellos, el enfado es también como una locura. No tienen una mente imperturbable, y están bajo el control de sus engaños, de sus propios obstáculos y de su sufrimiento. Por lo tanto, no podemos enfadarnos con la persona que nos daña, porque no es responsable. Aryadeva, un erudito indio muy famoso y muy respetado en India, decía que cuando alguien está bajo el poder de los espíritus y se vuelve loco, el médico que lo trata no se enfada con él, porque sabe que el problema no es la persona, sino el espíritu que lo posee en ese momento. Lo mismo ocurre con la persona que por causa de su enfado, nos daña.

Reflexionando, comprendemos que no podemos enfadarnos con esa persona, porque es como si un espíritu la poseyera. Y ese "espíritu" son los engaños y su propio sufrimiento. Es necesario sentir compasión, y pensar que esa persona ha perdido el control; que es como si se hubiera vuelto loco, de igual manera que nos sucede a nosotros en otras ocasiones.

PREGUNTAS

P. Hay enfados que se pueden controlar, por ejemplo, si alguien habla mal de mí o me hace daño, puedo reflexionar sobre ello y llegar a entenderlo pero hay otro tipo de enfados espontáneos. Por ejemplo; yo doy clase a treinta alumnos y siempre habrá alguno que haga algo que yo considero que no se debe hacer ¿cómo se puede controlar ese tipo de enfado súbito que no puedes entrar a analizar?. ¿Ese tipo de enfado destruye la misma virtud que un enfado más profundo, con odio, que es un enfado quizás mucho más silencioso que el otro?. 

R. Enfadarse con los estudiantes en clase es diferente que entre una persona y otra porque el hecho de enseñar es algo muy positivo, es algo que es útil para los demás, para el futuro de los demás, entonces la motivación es muy buena, es ayudarles para que vivan mejor en el futuro, para que aprendan y también respeten las reglas, porque se requieren reglas en la sociedad. Si el colegio tiene sus reglas tienen que respetarlas también y es un aprendizaje muy útil para ellos. Entonces, enfadarse con ellos porque no respetan las reglas o porque no quieren aprender tiene un resultado positivo, no es tan grave como otro tipo de enfado. Eso sucede en los monasterios (Geshela da enseñanzas como maestro), de hecho son profesores de Dharma y cuando los monjes jóvenes pierden la paciencia o están soñando, jugando o durmiéndose los profesores se enfadan y gritan muy fuerte porque es la manera de hacerlos reaccionar. Entonces es algo positivo.

P. Hay personas que tengo que tratar con ellas, una concretamente, que me preocupa bastante, y gente cercana a mí... son gente como que me roba energía. Huyo de ellas, trato de huir pero al mismo tiempo siento un poco de compasión... personas que me rodean y que tienen muchos problemas, y es como si me robaran energía y a mí me preocupa. 

R. Como se dijo antes en las enseñanzas lo más importante es lograr tener una mente en calma. Con respecto a los conflictos del tipo que sean, hay que ver si esos problemas tienen solución. Si la hay, habrá que ponerla en marcha, si no ¿para qué preocuparse?. Preocuparse por los demás no tiene ninguna utilidad, lo único que hace es cansar la mente y perturbarla, llevándola a un estado de debilidad. Con cualquier problema que ocurra hay que acordarse de este consejo: ¿Para qué preocuparse tanto si hay solución, como si no la hay?. Hay que tener un comportamiento lo más positivo posible con estas personas para ayudarles dentro de la capacidad que uno tenga. Pero sobre todo se trata de trabajar para apaciguar nuestra propia mente que es lo más importante. 

P. ¿Nos podría dar un consejo para la vida cotidiana, los que tenemos que trabajar y no vivimos retirados?. Por ejemplo cuando el jefe o superior no te tiene respeto y te ofende y no se puede decir a esa persona lo que pensamos, sino callarnos y decirnos: "practico paciencia, practico paciencia". A esa persona ¿le puedo ayudar de alguna manera para que también aflore en él la compasión y no sólo seamos los que intentamos practicar paciencia los que soportemos?. ¿Podemos ayudarles para que también puedan ellos practicar paciencia? ¿Cómo ayudarles?.

R. Si quieres, que venga tu jefe mañana aquí.(Bromea Geshela). Si hay conflicto y el jefe te está hablando de malas maneras, hay que buscar el origen de ese enfado, las razones por las que se comporta así. Por lo general, hay dos personas y una acción; no hay sólo un parte, puede haber algo que provoque el enfado, algún tipo de conexión con esa persona. Es muy bueno no enfadarse pero, cuando hablamos de la práctica de la paciencia, de la tolerancia, no lo estamos haciendo de sumisión, no de que uno esté bajo otro que golpea una y otra vez. Este no es el sentido de la paciencia de la que se habla en Budismo. Puedes hablar con él, poner las cosas claras sin que haya enfado. Trata de conseguir una mente apacible, en calma y cuando lo consigas, ve a hablar con esa persona, explícale y pon las cosas claras. A veces ayuda. ¡ Tú has encontrado el tesoro de la paciencia!, ¡el objeto externo que permite practicar paciencia!. (risas) 

10. R econocer nuestra falta de control

Si repasamos nuestra vida vemos cómo nos suceden cosas agradables y otras no tanto; pasamos épocas felices y otras en las que hay sufrimiento, dificultades y experiencias no deseadas; encontramos amigos, pero también enemigos o gente que no nos gusta. Mantenemos diferentes relaciones con los demás. A veces alguien, por ejemplo, una persona que está enfadada, nos insulta o arremete contra nosotros. En ese momento, es necesario recordar que esta persona se encuentra sin control y por eso, sucumbe al enfado. Puesto que esta persona está sufriendo a causa de sus actitudes, en lugar de enfadarnos, deberíamos sentir compasión. Reflexionando así, generamos paciencia hacia nuestros amigos, enemigos... o por nuestros propios padres. Reaccionar de forma habitual y repetitiva con enfado, hace que se vayan depositando semillas e impresiones de consecuencias muy pesadas para el futuro de estas personas.

En nuestra vida cotidiana pasamos mucho tiempo con los demás, con nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo, etc; tenemos con ellos una relación muy agradable y disfrutamos de su presencia; sin embargo, un día, en un momento de descontrol mental, decimos una mala palabra, y esta unión acaba para siempre. Un solo momento de enfado ha sido suficiente para terminar. Si es el otro el que se enfada con nosotros, es muy importante tener paciencia y comprender que ha perdido el control; y si somos nosotros los que estamos a punto de estallar y comenzar a decir palabras duras, debemos parar inmediatamente y aplicar el antídoto de la paciencia antes de que surja el ataque de ira. Así, podremos seguir con nuestra buena relación y esto es muy importante, porque todos necesitamos tener un circulo de amigos y familiares que nos apoyen.

Hay muchos beneficios derivados de la práctica de la paciencia y muchas desventajas por dejarse llevar por el enfado. Primero, empieza teniendo compasión contigo mismo, y poco a poco, genera compasión hacia los demás, teniendo en cuenta todos estos factores que hemos estudiado.

No hay necesidad de ir al otro lado del mundo a meditar porque los objetos de meditación están aquí, ahora mismo, en nuestra propia mente, con nuestro propio enfado.

En el Lam Rim, el texto sobre las etapas del camino a la Iluminación , se dice que el aferramiento al yo es el principal engaño y la fuente de todos nuestros problemas. Por lo tanto, debemos trabajar sobre este yo y el aferramiento que se deriva de creer que somos lo más importante de este mundo. Estamos ante una visión distorsionada que nos impide ver con claridad cuál es la realidad de nuestro entorno. Cuanto más nos aferremos al “yo” y a lo “mío”, más sufriremos y más insatisfacción y frustraciones tendremos en nuestra vida. En cambio, si dejamos nuestro “yo” a un lado y pensamos un poco más en los otros, obtendremos más felicidad. Lo sabemos por experiencia propia: cuando sólo nos centramos en nuestras necesidades y deseos, empiezan los problemas, y es así porque pensar de esta manera es sentar la base para toda insatisfacción. Si, cuando alguien se enfada con nosotros y nos daña, en vez de enfadarnos, nos preguntamos qué le pasa, qué puede estar necesitando y cuál puede ser su problema, al enfocar nuestra atención en el otro y no en nosotros, obtendremos paz y felicidad.

El hecho es que no tenemos independencia, no tenemos control sobre nuestras propias emociones, no pasa un momento sin estar bajo el influjo de nuestros engaños y es muy difícil acabar con ellos, por eso hay sufrimiento. Si lográsemos ser independientes y estar desapegados del yo y los engaños, no tendríamos como resultado el sufrimiento. Esto sería lo ideal, la perfección, pero no es lo que sucede, porque, en estos momentos, todos permanecemos bajo el control de nuestros engaños.

XXXV

“ Por falta de cuidado,

la gente se hiere a sí misma con espinas

para conseguir mujeres y otras cosas,

se obsesiona y deja de comer ”.

Ya vemos cómo nuestros engaños son muy poderosos. Cuando somos presas de la ira, podemos hacer cualquier cosa, aunque no tenga ninguna lógica, como destruir y dañar a los demás de una manera que nunca hubiéramos podido imaginar. Sólo pensamos en “yo”, en “mí”, como lo único y más importante por lo que debemos preocuparnos, y no sentimos la obligación de hacerlo por los demás, ni por los resultados que nuestras actitudes pueden ocasionar. De esta manera, nos dañamos a nosotros mismos, porque no hacemos más que acumular negatividad y con ella, malos resultados para el futuro. Este es el poder del enfado. Y todo esto lo podemos ver en dos clases de seres que podemos percibir claramente: los animales y los seres humanos.

Ante un problema hay que reaccionar, pero no debe ser con enfado, sino con amor y compasión, pensando en la mejor manera de ayudar. Por ejemplo, tanto la persona con mucho dinero y poder, como el pobre que encontramos en la calle, ambos necesitan ayuda y ambos necesitan amor y compasión. Aunque cualquiera de ellos pueda tener actitudes que nos molesten, nos necesitan, y debemos generar una mente paciente y tolerante hacia ellos.

Cuando tenemos ante nosotros a una persona enfadada, sin control, con la mente completamente perturbada, debemos preguntarnos a qué se debe. ¿Acaso ha surgido espontáneamente o ha sido poco a poco?.

XXXVI

“Y hay algunos que se hieren a sí mismos

utilizando métodos indignos

colgándose, saltando de acantilados,

ingiriendo veneno y alimentos rancios”.

XXXVII

Si, bajo la influencia de las emociones negativas,

algunos llegan a quitarse la vida,

es de esperar que causen daño

a los cuerpos de otros individuos ”.

XXXVIII

“Aunque no pueda sentir compasión por estos individuos

que dominados por las emociones negativas

intentan acabar conmigo,

lo último que debo hacer es enojarme con ellos”. 

XXXIX

“Si es su naturaleza pueril

lo que les obliga a causar daño,

no tiene sentido enojarse con ellos

ya que sería como reprender al fuego porque puede arder”

El fuego quema, sabemos que la característica del fuego es quemar. Entonces, si ponemos nuestra mano en el fuego y nos quemamos, ¿qué pasa?, ¿nos enfadamos con el fuego? Si el fuego de forma natural quema, la responsabilidad es nuestra por haber puesto nuestra mano sabiéndolo. De la misma manera que en la naturaleza del fuego está el quemar, en la persona controlada por la ignorancia, está el enfado. Entonces, ¿por qué vamos a buscarnos complicaciones, provocando a los demás, sabiendo que su naturaleza es el enfado?.

Su Santidad el Dalai Lama, (al que le gusta mucho arreglar coches y relojes) un día estaba hablando con alguien que arreglaba un coche y se quedó enormemente sorprendido al ver al hombre golpeando aquel coche porque se había dado un golpe en la cabeza con él. Su Santidad no entendía como podía hacer esto, no tenía ningún sentido. Vemos cómo el enfado surge espontáneamente.

Si alguien habla mal de otras personas, con palabras duras o insultando, una opción sería devolverle las mismas palabras, pero esto es algo que tampoco tiene sentido. Los tibetanos dicen: “Déjalo hablar, no importa, olvídalo, no tiene ningún peso, no es tu historia, es asunto de él, ¿para qué hacerle caso?, no hay razón alguna. Es como el fuego, que quema por naturaleza. De la misma forma, está en la naturaleza de esta persona, tener engaños de los que surgirá el enfado. Por eso, no pasa nada”

11. E l enfado no forma parte de la Naturaleza de la Mente

Hemos visto cómo el enfado surge de una forma espontánea e incontrolada, pero no es algo que exista inherentemente en la persona, es decir, tiene un principio, en algún momento surge, y después, acaba. La mente, por naturaleza, no está perturbada, sino que es clara y conocedora; es un fenómeno totalmente puro, en la que existen diversos factores y conciencias mentales de los que surgen conceptos y pensamientos del pasado, presente y futuro que son adventicios y que no pertenecen a este aspecto puro de la mente. Y lo mismo ocurre con los engaños: nuestra mente no está engañada por naturaleza, son factores añadidos por nuestra ignorancia, a partir de los cuales, surgen emociones como el enfado. De hecho, podemos comprobar que, cuando nos enfadamos, no permanecemos en ese estado las veinticuatro horas del día, en todo caso, puede estar latente y revelarse en algún momento, y pasar a desaparecer después. Por tanto es algo que cambia y en el budismo, cuando hablamos de impermanencia lo hacemos de todo lo que cambia momento a momento.

La buena noticia pues, es que el enfado no se halla en la naturaleza de nuestra mente. Maitreya, el próximo Buda que aparecerá en Bodhgaya, dio enseñanzas a través de Asanga en las que se dice que la mente es clara y conocedora, pero que está contaminada, y esta contaminación es algo añadido, no es un factor inherente a la mente. Esta es una afirmación importante en el Budismo porque significa que hay esperanza porque los engaños pertenecen a la parte contaminada de nuestra mente, son aflicciones mentales que surgen cuando se dan tres condiciones:

•  Una conciencia.

•  Un objeto.

•  Un momento previo de conciencia.

Si falta una de estas tres condiciones, el engaño no surge, lo que quiere decir que es impermanente porque depende de causas. De la misma manera puede desaparecer en cuanto esas causas no se den. Si hay causas hay resultado, y un resultado depende de su causa, quiere decir, que no dura para siempre. Por tanto, podemos modificar y evitar los engaños. Para ello, es importante conocer cómo funcionan los engaños y su causas.

¿Qué hacer con las enseñanzas de Buda?. Primero, escuchar, leer y estudiar; después reflexionar y, en tercer lugar, meditar y contemplar hasta alcanzar una experiencia directa de estas enseñanzas. De esta forma, crearemos una conexión con el próximo Buda.

Como no tuvimos la suerte de ser discípulos de Buda Sakyamuni, (pues si no, no estaríamos aquí) tenemos que crear ahora las condiciones que nos den la oportunidad de estar en presencia de Buda Maitreya cuando aparezca y haga girar la rueda del Dharma. Para ello, no basta sólo con el estudio, la reflexión y la meditación; tenemos que hacer súplicas y oraciones a Buda Maitreya. Cuando estudiemos los textos, primero debemos ponerlos a prueba hasta convencernos de que tienen sentido y, a partir de ahí, generar fe y confianza en ellos. En los textos se nos dice que, si practicamos la ética, estudiamos el camino y ofrecemos oraciones al Buda Maitreya, habrá conexiones en el futuro que nos darán la oportunidad de encontrarnos con El, hecho éste que supondrá la puerta a la Iluminación. Por lo tanto, tenemos que orar con mucha fe y tener la confianza de que esto va a suceder.

XL

“Y aunque el defecto fuera temporal

en una persona honrada por naturaleza,

tampoco tiene sentido enojarse,

porque sería como reprender al cielo por permitir

que lo cubran las nubes”

Shantideva nos dice que, no tiene sentido enfadarse con una persona honrada por naturaleza cuando ésta tiene un fallo porque sería como reprender al cielo por permitir que le cubran las nubes.

Este cielo es como la mente clara, en él aparecen nubes, y luego desaparecen, no se quedan para siempre. Lo mismo ocurre con la mente. Tenemos una mente clara y pura y, sobre esa base, aparecen los engaños que cubren y ocultan nuestra sabiduría, claridad y pureza. Es decir, como en el ejemplo del cielo, hay nubes, pero el viento puede hacerlas desaparecer.

Alguna vez tendríamos que poner una cámara en la mente, situarla en el corazón y, en lugar de mirar y escuchar la mente externa, mirar o escuchar nuestra mente interna, sería un gran espectáculo, una película muy buena y además no tendríamos que ir al cine y pagar para verla. Resultaría muy interesante ver qué surge momento a momento y cómo funciona realmente.

12. L as causas del enfado

El primer punto que hemos visto es que no tenemos independencia y estamos bajo el control de nuestros engaños; después, que estos engaños no existen desde y para siempre, sino que son un factor sobrevenido a la pureza de nuestra mente. Ahora vamos a ver cómo se crean las causas que dan este resultado.

XLI

“Si al hacerme daño con una vara

me enojo con el que la empuña,

puesto que también él es secundario, en lugar de odiarle

debo enojarme con su odio ”. 

Si alguien nos pega con un palo, ¿quién es el responsable?, ¿a quién tenemos que echarle la culpa? Lógicamente, si nos han pegado en la cabeza, lo que entró en contacto con nosotros y provocó este dolor es el palo, entonces ¿vamos a enfadarnos con el palo?. No tiene sentido. Desde luego, la culpa no es del palo, sino de la persona que lo empuña. También podríamos argumentar que es la mano la que ha hecho el gesto de pegar, pero tampoco podemos culpar a la mano. Ni siquiera la persona es la culpable porque ya hemos visto que no tiene control sobre sí misma, está como enferma, con una mente perturbada por el enfado, el odio. Entonces, el responsable de todo es el engaño en sí, es decir, el odio y el enfado. No podemos juzgar a la persona, ni a su mano, ni al palo. No tiene sentido pues, señalar siempre a los demás como los responsables de todo nuestro sufrimiento.

En el Lo-yong, se dice que la raíz de todos nuestros problemas, de nuestros engaños y del enfado, está en el aferramiento al yo. No son los demás los responsables de todo nuestro sufrimiento y de nuestros problemas. Ni siquiera lo son de su propio enfado porque, como ya hemos visto, no tenemos control alguno sobre los engaños cuando la mente es inestable y no está en paz.

La persona que nos está dañando no piensa: “ Muy bien, ahora me voy a enfadar ”. No sucede así. El enfado surge de forma espontánea deja a esa persona sin control. Igual nos sucede a nosotros cuando nos enfadamos, tampoco nos decimos: “ Ahora tengo que enfadarme, me voy a enfadar ”, entonces, ¿por qué señalar a alguien?. De hecho, a nadie le gusta enfadarse. Todos sabemos que, cuando nos enfadamos, nos sentimos mal, no nos gusta.

12.1.- El Karma

XLII

Previamente, yo he causado este daño

a otros seres sintientes

por tanto es justo que este daño

vuelva a mí en pago a mis ofensas ”.

Hablamos ahora de la ley del karma, de causa y efecto, tema que hemos desarrollado en un curso el otoño pasado, y no sé si os acordaréis de lo que se habló en ese curso. Para los bodhisattvas, la ley del karma es algo muy valioso y, si reflexionamos, tiene muchísimo sentido. Es necesario tenerla presente, no sólo como una teoría, sino continuamente, en nuestra vida cotidiana.

Cuando estudiamos la ley del karma vimos sus cuatro puntos que son:

•  El karma es definitivo: Cualquier karma que haya sido creado traerá su resultado correspondiente.

•  El karma es tremendamente expansivo: De una causa pequeña surgen resultados grandes.

•  Uno no se encuentra con algo si no ha creado el karma para que así sea: No puede haber resultado sin una causa previa.

•  El karma, una vez creado, no desaparecerá espontáneamente.

El tercer factor es el punto que queremos ver ahora, porque si estamos padeciendo ahora algún sufrimiento, dificultad o enfermedad, es porque previamente, en el pasado, hemos creado las causas. Es importante reflexionar así porque, cuando pasemos por dificultades y problemas, podemos decirnos: “Bien, estoy acabando con un karma negativo resultado de una acción negativa del pasado. Si no estuviera madurando en este momento, la semilla de este karma podría crecer mucho más con el tiempo, y tendría que padecer un sufrimiento mucho más grande, como renacer en un reino inferior con los sufrimientos increíbles que se describen en los textos ”. Vale la pena reflexionar sobre el karma y tener la convicción de que funciona así y de que si pasamos por momentos difíciles ahora, estamos evitando un sufrimiento mayor para el futuro. Se trata de una buena noticia que nos permitirá ser ecuánimes para lo que nos depare la vida, en lugar de saltar desde la euforia a la histeria y de ahí al desastre total.

También debemos regocijarnos de todos los momentos felices y de todas las cosas buenas que tenemos en la vida, porque también son resultados de algún karma positivo que hemos acumulado en el pasado. En este sentido, debemos recordar siempre, que estas buenas condiciones se deben también a los budas y a las Tres Joyas, así que, tras reconocer esto, debemos agradecer su bondad.

Así mismo, habremos de tener en cuenta las bendiciones de los budas que surgen gracias al cuerpo de sabiduría, de la verdad, del Dharmakaya, porque nos permitirá tener más humildad, nuestra mente estará más relajada y cualquier cosa que nos suceda en el futuro, sea una gran felicidad o un gran drama, no afectará tanto a nuestra mente que se mantendrá ecuánime, lo que será muy positivo y valioso para nuestra vida.

12.2.- Nuestro propio cuerpo

XLIII

Tanto el arma (de quien nos agrede) como mi cuerpo

son las causas de mi sufrimiento,

si él posee el arma y yo el cuerpo

¿con quien debo enfadarme? ”.

Es bien cierto que quién tiene la cabeza que va a recibir el golpe es nuestro cuerpo, y quién tiene el palo que va a pegar es el “otro”, luego, es necesario dividir por dos la culpabilidad. Si no tuviéramos cabeza, no habría posibilidad alguna de recibir el golpe; y de no haber un palo, nada nos pegaría, ni nos produciría la herida. Entonces, la culpa no la tiene sólo el palo porque la cabeza también tiene que ver en el asunto.

XLIV

“Si me aferro ciegamente

a este absceso con forma humana

que no puede soportar el dolor,

¿con quién debo enojarme cuando le hieran?

¿Qué es el cuerpo?. En la superficie, piel; debajo, algo de carne, huesos, sangre y otros elementos; todo esto es físico nada más. Pero como este cuerpo sufre, por ejemplo, con pequeñas heridas o con quemaduras, etc... nos brinda la oportunidad de practicar la paciencia. Poco a poco, soportando pequeñas molestias, lograremos en el futuro practicar la paciencia con sufrimientos mayores.

En este sentido deberíamos hacer caso omiso de los pequeños sufrimientos que el cuerpo nos procura, porque el problema mayor no es el cuerpo, sino la mente que se aferra y que piensa: “ Es mi cuerpo y como es mío, nadie me lo puede tocar, no puede sufrir”. Este tipo de mente aferrada al cuerpo no soporta ni un pequeño sufrimiento. Es cierto que el cuerpo sufre, pero lo más problemático está en la mente, porque lo habitual es que añada más dolor del necesario y lo haga todo mucho más complicado. Tanto Buda, cuando era bodhisattva, como otros bodhisattvas, ofrecieron sus cuerpos a los demás seres, porque no tenían estas limitaciones que el aferramiento al yo y a nuestro cuerpo nos deparan.

Aryadeva, el gran erudito indio, decía: “ Mi cuerpo es como un enemigo, pero lo necesito”. El cuerpo se convertirá en un enemigo si nos aferramos a él. Generaremos un montón de necesidades sin sentido y a partir de ahí surgirán problemas y dificultades. Se considera que el cuerpo es uno de los cinco agregados contaminados y, como tal, es impuro y eso conlleva problemas y necesidades.

Ahora bien, aunque sea cierto que no hay que preocuparse excesivamente del cuerpo, tampoco debemos negarlo ni ignorarlo, porque es nuestro soporte para esta vida y lo necesitamos. Para que nuestra vida tenga sentido debemos tener muy en cuenta nuestro cuerpo, cuidando su salud, vigilando su buen funcionamiento, atendiendo a la comida, al vestido, con ropa abrigada para el invierno y fresca para el verano, etc... siempre considerándolo como un medio útil para nuestros propósitos y no como un fin en sí mismo.

Por lo tanto, ¡una buena noticia!: como tenemos que cuidar el cuerpo, será muy conveniente llevarlo a la playa en verano o subirlo a la montaña de vez en cuando, porque es bueno para su salud y, como tenemos un gran propósito en la vida, hay que cuidarlo. Somos los únicos responsables de que nos pueda servir para conseguir nuestros fines en esta vida.

En el libro de Shantideva se dice que cada uno es responsable de su propio cuerpo y de lo que hace con su nacimiento actual. Buda no va a resolver nuestros engaños y problemas, ni nos puede dar la Liberación , éste es nuestro trabajo, nuestra propia responsabilidad. Buda nos enseña el camino, pero somos nosotros los que tenemos que recorrerlo, los que debemos tomar refugio y protección en las Tres Joyas y los que habremos de seguir practicando. Si no somos responsables de nosotros mismos, si nuestro comportamiento por el exceso de alcohol, drogas u otras actividades nocivas, nos acarrea enfermedades, nuestro cuerpo se convierte en un enemigo. En lugar de aprovechar esta vida para ir hacia la Liberación , la destruimos y generamos mucho más sufrimiento para vidas futuras.

Buda actúa y ayuda enseñándonos el camino. Las primeras enseñanzas las dio en Sarnath, hablando sobre las Cuatro Nobles Verdades: el sufrimiento, el origen del sufrimiento, cómo cortar con el samsara, - su cese -, y el camino a seguir. Buda nos ofrece protección y refugio para salir del samsara.

XLV

Los seres infantiles son culpables de su dolor.

Aunque no desean sufrir

se aferran a sus causas.

¿Por qué se enfadan entonces con los demás? ”.

Debido a nuestra ignorancia somos como niños que no reflexionan antes de actuar, con un aferramiento al yo y al cuerpo que provocan todos los demás problemas. No soportamos conflicto o daño alguno y siempre reaccionamos de una forma negativa dando pie así el sufrimiento que habremos de sentir en el futuro.

Cada vez que nos encontremos con un factor externo que nos provoque, una persona que nos dañe o nos perjudique, lo más importante será nuestra actitud. En este sentido, nos estaremos dañando si respondemos a los otros, porque el resultado será negatividad para el futuro.

Tenemos que dejar estas actitudes infantiles y comportarnos como adultos y responsables de nuestros actos y no echar siempre la culpa a los demás, porque no tiene sentido.

XLVI

Como los guardianes de los infiernos

y las hojas afiladas del bosque

es el sufrimiento que provocan mis acciones

así pues, ¿con quién debería enfadarme?. 

En el budismo hablamos de seis reinos del samsara de los cuales, tres son reinos de sufrimiento, reinos inferiores: animales, pretas, y los infiernos.

¿Quién ha creado estos reinos?. ¿Los budas?. ¿Algún dios creador?. Con respecto a esta última posibilidad, el budismo no lo acepta y se basa en la interdependencia para refutar la existencia de un dios creador. A cambio, propone las leyes de interdependencia y del karma, - de causa y efecto - por las que no se puede establecer a alguien que haya creado estos reinos inferiores. En la época de Buda, hubo debates entre grandes eruditos indios de las religiones de Asia que creían en un Dios creador. (Si hay alguien interesado, debería consultar los textos en los que se presentan los argumentos de estos debates, pero éste no es el tema de hoy).

El verso hace referencia a uno de los sufrimientos del infierno de árboles con hojas cortantes, por el que tenemos que pasar y cortarnos por todas partes. Y ¿por qué?: desde luego, no por el capricho de un dios, ni debido a los budas, sino a nuestro propio karma. Tanto lo que nos está pasando ahora mismo, como lo que ocurrirá si llegamos a esos infiernos, se debe a las causas que hemos creado, y, por lo tanto, no podemos señalar como culpables a nadie más que a nosotros mismos.

No soportamos dolor alguno por muy leve que éste sea. Siempre reaccionamos y nuestra mente se perturba. Por ejemplo, si alguien nos dice una palabra fuerte, dura, de inmediato nuestra mente se modifica, se altera y hay una reacción negativa. ¿Por qué nos ocurre esto, si no se trata más que de una palabra, un sonido?. ¿De dónde el poder para alterar nuestra mente?. Debemos reflexionar: “Bueno, es una palabra, ¿qué hago?: si la soporto y no hago caso, practico la paciencia y, evito sufrimientos para mi en el futuro; en cambio, si reacciono con enfado, crearé un sufrimiento mucho mayor que el de oír una palabra dura”. Debemos aplicar la lógica y dilucidar qué es lo mejor, la felicidad o el sufrimiento, y actuar en consecuencia.

Resumimos lo que hemos visto hasta ahora: -cómo reflexionar ante al enfado; -cómo actuar con quien nos ataca y, - los tres aspectos de la paciencia. Hasta aquí, hemos tratado la paciencia en lo que respecta a las personas que nos dañan. El segundo aspecto es el de los elementos externos que nos producen sufrimiento, como, por ejemplo, las enfermedades; y el tercero, el del Dharma, que trataremos después.

Cuando alguien nos daña o se molesta con nosotros, tenemos que evitar el enfado. Podemos pensar: “ Si esta persona se está enfadando con nosotros es porque ha perdido el control de su mente, luego entonces, no es responsable del enfado, y no debo dañarla, sino, al contrario, sentir compasión”. O también: “En este momento tengo este problema porque, en el pasado, yo mismo he creado las causas, las semillas que ahora maduran. Así que, ¡qué dicha si maduran ahora, porque así no lo harán en el futuro y no tendré que experimentar un sufrimiento mayo r!”. O: “ Ahora ¿qué hago?. Esta persona ya me ha dañado, ya es el pasado, es el karma que ha madurado y ya se acabó?.

Si reacciono voy a generar otra semilla de karma negativo; si no reacciono, entonces obtendré más felicidad en el futuro”

Nada, ni los engaños, ni nuestro enfado, existen independientemente. Es decir, estamos bajo el poder de nuestra ignorancia, que no es la naturaleza de la mente. Los engaños de los que, si nos atenemos a la ley de causa y efecto, somos los únicos responsables, se van añadiendo y enturbiando la claridad de nuestra mente.

Guardemos todo esto en nuestra memoria y utilicémoslo cuando encontremos dificultades en nuestra vida.

PREGUNTAS

P : Quisiera pedir la opinión de Geshela sobre si es posible, para los cristianos, practicar aspectos del budismo, como la paciencia, en nuestra vida cotidiana; si es factible en nuestro camino del dharma.

R : Como dice su Santidad el Dalai Lama, no hay conflictos entre una cosa y otra. S.S. realiza intercambios, muy a menudo, con sacerdotes cristianos y, hasta un cierto nivel, no hay conflicto. Hay muchas personas en el mundo que utilizan los buenos consejos del budismo para llevar una buena vida, aunque no tengan la etiqueta de budistas. Utilizan la noción del karma de causa y efecto, la ley de interdependencia y el renacimiento para su propia vida, aunque tengan una religión diferente. El budismo no es selectivo, no dice: “Si crees en Dios, vete” o, “Tienes que dejar tu propia creencia, si quieres escuchar enseñanzas”. No hay segregación, cada persona puede recibir lo que necesita de las palabras de Buda, el budismo es para todo el mundo. Ahora bien, si uno va más allá y profundiza a nivel filosófico, entonces, sí se encontrará con conflictos entre la teoría de un dios creador y la teoría de la interdependencia. Ahí si hay problemas y contradicciones. Pero en lo que respecta a los consejos para nuestra vida cotidiana, y el estudio de la mente, no hay problemas. El budismo no hace proselitismo ni rechaza a nadie porque tenga otra religión. A menudo, su Santidad el Dalai Lama dice a la gente: “Si en tu sociedad, en tu mundo, la gente es cristiana, sigue el cristianismo pero, si no te funciona y prefieres otra línea de pensamiento, puedes ir por otra parte. No pide a la gente que abandone su religión, aprueba siempre que la gente se quede en el ámbito de su cultura y siga su propia religión. Hay que aprender mucho, se puede aprender mucho de los intercambios que se están haciendo entre las diferentes religiones, y cualquier persona puede aprender también de los consejos que se dan en el camino budista.

También dice Su Santidad el Dalai Lama que, cuando una religión ofrece consejos para tener un buen comportamiento, para no dañar a los demás, y ayuda y proporciona felicidad, esta religión es buena. Esta es la esencia de todas las religiones y es lo que importa, este punto común es lo más importante, después, cada religión tiene sus convicciones. Es lo mismo que con la comida: no se puede decir esta comida es mala si no se ha probado. No vale de nada juzgar otras religiones si no se conocen y es bueno investigar y ver qué es lo que funciona, lo mismo que con la comida, primero, uno prueba y luego, decide si le gusta. 

P : Las personas que vivimos aquí en Madrid, además de recibir enseñanzas, también hemos leído sobre budismo y quería agradecer a Geshela su forma de explicarlo que nos hace compatible a las personas cristianas seguirlo y practicar el tantra. 

R : Muy bien. 

P : ¿ 

R : Claro que se puede responder cuando alguien te ataca pero hay un “pero”, Nos debemos encontrar en un estado neutral. El consejo, cuando aquí se habla de paciencia, es no responder negativamente, dejar la mente imperturbable, que no se deje afectar por lo que está sucediendo afuera. Si uno tiene la mente estable y valora que, en estas circunstancias es de utilidad, puede responder y no quedarse sumiso. Lo más importante es observar el estado mental personal, ya que, muy a menudo, pensamos que no estamos enfadados porque tenemos razón, y ésta es la actitud de una mente perturbada. Así que, primero verificamos cómo está nuestra mente y si permanece estable, podemos responder si vemos que es de utilidad y beneficio, tanto para la situación dada, como para la otra persona .

P : ¿Por qué, en algún momento, cuando una persona me ataca con una mala palabra no reacciono y al momento siguiente con la misma situación me enfado sin ningún control, a qué se debe esto?

R : Geshela te devuelve la pregunta: ¿Por qué no te enfadaste la primera vez?. Lo mejor que puedes hacer es acordarte de la primera experiencia en la que te insultaron y no reaccionaste, fue un sonido más que entró y nada más.

12.3.- El aferramiento al yo

Empezamos las enseñanzas de hoy con una cita de Chandrakirti en los textos Madhyamika, que dice: “La raíz de todo el círculo de sufrimiento del samsara es el aferramiento al yo ”.

Primero surge la noción de “yo” y después, de lo “mío”; lo mío es mi mano, mi cabeza, mi casa, mi vida, “yo” y “lo mío”. Y sobre la base de este concepto encontramos el aferramiento a la existencia de este yo, el apego. Desde la mañana hasta la noche siempre nos acompaña esa noción del “yo”.

Desde ese “yo” y “lo mío” surge “aquello que hay fuera”, todo lo que es externo, y de ahí, la relación con el exterior (equivocada porque su base es la ignorancia) que se establece de diferentes maneras: hacia los objetos materiales, por el deseo de obtenerlos; hacia la gente, con nuestros amigos porque sirven a este “yo”, al aferramiento que tengo a este “yo”; y con los enemigos que “me” dañan a “mi”, a este aferramiento al “yo”. De esta forma, se crea el karma contaminado cuyo resultado es este ciclo de sufrimiento que llamamos samsara, con las tres esferas: el reino del deseo, de la forma y no forma. La fórmula para salir de este ciclo de sufrimiento es la compasión, gracias a la cual podemos emprender el camino hacia la Iluminación.

Así que, primero tenemos la creencia en la autoexistencia de este “yo”, y después, el aferramiento que esta creencia provoca y que es la raíz de todas nuestras perturbaciones mentales, llamadas en el budismo, “ignorancia o confusión” (La ignorancia la estudiaremos más en detalle cuando estudiemos los Doce Vínculos de Originación Interdependiente).

A causa de nuestra ignorancia, tenemos perturbaciones mentales como el enfado. Estos días en los que estamos estudiando el capítulo sexto del libro de Shantideva, hemos visto que lo opuesto a la paciencia, su antítesis, es el enfado.

Etiquetamos a los demás como “amigo” o “enemigo” pero, ¿por qué estos calificativos?. Desde luego, no por algo que exista inherentemente. Un “enemigo/amigo” no es para siempre, se trata sólo de una etiqueta que añadimos sobre la base de una relación determinada que creemos permanente, lo que no es cierto, porque el enemigo de hoy, mañana puede ser nuestro amigo y viceversa: el amigo, enemigo.

Hay diferentes formas de trabajar con el enfado: analizando su aspecto no inherente, no permanente; y otro, mediante la ley de causa y efecto, es decir, estudiando sus causas y resultados. La razón para estudiar el estado de nuestra mente es lograr una meta que, según los textos budistas del camino en el que nos encontramos, el Mahayana, es el logro de la bodhichitta, el deseo de lograr la Iluminación para el beneficio de todos los seres, para lo que, en primer lugar, debemos generar amor y compasión; pero si estamos enfadados, no podremos sentir amor y compasión, porque se trata de dos sentimientos opuestos que no pueden presentarse juntos, a la vez. Así que, resulta obvio, tenemos que evitar el enfado. Para ello, será necesaria la práctica de la paciencia. De esta forma, lograremos una mente imperturbable que nos permitirá generar la compasión y el amor hacia los demás, indispensables para el camino.

En el Bodhicaryavatara, Shantideva nos muestra la mejor forma para acabar con el aferramiento al yo: intercambiarse con los demás. No se trata de un intercambio físico, es imposible, sino de una práctica mental. Considerarse uno mismo como los demás y generar la motivación suprema de la bodhichitta para poder ayudarlos en el futuro, nos hará comprender que el valor de todos los seres sintientes es mucho más amplio que el de cada uno de nosotros. Se puede seguir el camino desde el deseo de liberarse uno mismo del samsara y pasar al Nirvana, es decir, liberarse de este ciclo de sufrimiento; o alcanzar la meta suprema del camino Mahayana recorrido por todos los bodhisattvas que buscan lograr la Iluminación para el beneficio de todos los seres. Cuando deseamos esta meta, es fundamental hacer la práctica de intercambiarse por los demás, porque es el método que nos permitirá lograr la bodhichitta. Podemos pensar que es muy difícil y que no lo alcanzaremos porque tenemos muchos engaños, muchas barreras y muchos obstáculos. Esto no vale. Hay que encontrar el significado de esta vida, reflexionar sobre el sufrimiento, decidir escapar de él, y desear liberar al resto de los seres. Lo más importante será tener una buena motivación a la hora de iniciar este camino.

Geshela está resaltando lo más importante de este capítulo VI del libro de Shantideva, ya que no hay tiempo para ir verso por verso.

Hemos visto:

•  Que la paciencia es una mente que no se perturba por los obstáculos que surgen en el camino.

•  Que una mente perturbada produce mucha negatividad.

•  Las desventajas del enfado.

Debemos tener en cuenta que este tipo de actitudes, como la de dañar a los demás, nos hará acumular negatividad y renacer en los reinos inferiores y, lo más importante, dejará impresiones en nuestra mente. Este es un resultado muy pesado que hay que tener muy en cuenta.

Hay factores externos que pueden dar lugar a una mente perturbada. Ya hemos hablado de la actitud de “primero soy yo”, “yo soy lo más importante”, que produce, a la hora de relacionarnos con los demás, celos y otras emociones conflictivas. Por ejemplo, los estudiantes pueden llegar a tener conflictos de competencia con el Lama, e intentar menospreciarle; o, hacia un superior en la jerarquía social, (antiguamente los reyes, ahora los ministros o jefes) cuyo poder sobre nosotros puede provocar celos, envidia, etc. Estos son pensamientos que surgen al relacionarnos con los demás y que deparan mucha negatividad. No hay razón alguna para perturbarse por las posesiones o poder social que pueda tener una persona determinada. Estamos buscando la felicidad y todo lo anterior carece de importancia. Por supuesto que necesitamos un mínimo para sobrevivir, pero se da el caso de que siempre deseamos más y esto nunca se acaba. Resulta pues necesario reflexionar sobre el sentido de la vida: ¿Se trata de agotar nuestro tiempo y energía buscando bienes materiales que algún día tendremos que abandonar?, ¿Pasar nuestra vida sintiendo celos por las personas superiores o más ricas que nosotros?. ¿O todo tiene otro sentido?.

LVI

Por tanto, es preferible morir hoy

que vivir una vida miserable,

porque, aunque viva mucho tiempo,

no sufriré cuando llegue la muerte”

Esta “vida miserable” es la que consiste en acumular karma negativo para las próximas.

LVII

“Supongamos que una persona se despierta de un sueño

En el que ha experimentado cien años de felicidad

Y supongamos que otra se despierta de un sueño

En el que ha experimentado sólo un momento de felicidad” .

El resultado es igual para ambas, al despertarse, las dos tienen lo mismo. Nada. No hay diferencia entre un minuto y cien años. Cuando nos despertemos en la próxima vida, no habrá diferencia alguna entre haber disfrutado de una vida plena de bienes y felicidad, o de haber sido pobre. A la hora de morir, no llevaremos nada de esto con nosotros.

LVIII

“Para ninguna de esas personas

volverá nunca dicha felicidad.

De igual modo, dure lo que dure mi vida

cuando llegue la muerte se acabará”.

También, en el Lam Rim, se dice: “ Cien años de vida sin sentido. Al final no queda nada. A la hora de morir no quedan los bienes materiales ni las experiencias temporales de felicidad” . O: “ Cuando se emprende un camino largo, no es útil llevar un enorme equipaje, sino lo mínimo para sobrevivir: agua y alimentos ”. Pensando a largo plazo, para las próximas vidas, no podremos llevarnos nada de lo que ahora nos pertenece; sólo podremos hacerlo con las impresiones dejadas en nuestra mente por nuestras acciones . Por lo tanto, y con el fin de preparar nuestro viaje, debemos acumular impresiones kármicas positivas, por medio de la práctica de buenas cualidades, generosidad, compasión, amor, etc. Es lo mejor que podemos hacer para garantizarnos un buen viaje, en las próximas vidas. Así mismo, deberemos evitar todas las impresiones negativas que nos conduzcan a experimentar obstáculos y dificultades en el futuro.

LIX

Aunque viva feliz durante mucho tiempo

acumulando abundantes riquezas materiales,

me iré de aquí con las manos vacías

como si me lo hubieran robado todo”.

Primero tenemos que reflexionar sobre la muerte y la impermanencia, considerar que en cualquier momento va a acabar esta vida, y que, llegado ese momento, no habrá diferencia entre amigos, enemigos o extraños, a quienes, por cierto, no llevaremos con nosotros.

En un Sutra se dice que, todos aquellos objetos y bienes materiales a los que estamos tan apegados, un día desaparecen. Cualquier cosa material, por ejemplo, esta mesa, llegará a no cumplir su función y su destino final será la basura. Entonces, ¿por qué malgastar tanto tiempo en su busca?.

Lo único que llevamos con nosotros, vida tras vida, es la conciencia. Y la nuestra contiene todas las semillas y huellas del karma creado por nuestras acciones, que darán su fruto en las próximas vidas. Por este motivo, resultará más valioso cuidar el karma y vigilar sus resultados, que cuidar de los bienes materiales.

¿Por qué hablamos de esto?. Porque, muchas veces, buscando obtener bienes materiales, utilizamos métodos no muy puros, basados en el orgullo, los celos, la competitividad y la lucha con los demás, y acumulamos mucha negatividad, Toda esta actividad nos puede suponer karma negativo.

LX

“Sin duda, las riquezas materiales me ayudarán a vivir

y me permitirán hacer el bien y eliminar el mal.

Pero, si me enfado por su causa,

mis virtudes se consumirán y el mal crecerá ”.

Podemos pensar: “ Si tengo bienes materiales puedo ayudar, puedo acumular méritos con la práctica de la generosidad. Entonces, ¿por qué no utilizar estos medios?. De esta forma, puede merecer la pena el enfado y los engaños que puedan surgir, si el fin es obtener estos bienes materiales”. Esta es una actitud equivocada no por el hecho de conseguir dinero y bienes, sino por obtenerlos perturbando y llenando la mente de engaños. ¿Por qué no regresamos al primer verso de estas enseñanzas que dice?: “ Por un instante de enfado, se destruyen mil eones de virtud, de méritos”. ¿Cómo vamos a pretender acumular méritos con una mente perturbada que está generando la causa para destruir mil eones de méritos?. No tiene sentido.

Es bueno, para el camino que hemos emprendido, tener salud, larga vida y los medios necesarios para sobrevivir. Si nuestro propósito es acumular méritos, merecerá la pena tener unas buenas condiciones para nuestra práctica, esto no se discute. La cuestión es qué método escogemos para acumular méritos, porque si la búsqueda de bienes materiales va a suponer la mente perturbada y engañada, entonces, mejor no hacerlo, aunque sea con el fin de realizar acciones beneficiosas para los demás. Es mejor olvidarnos de acumular méritos si, para ello, vamos a generar engaños fuertes como el enfado o si, por ejemplo, dado el fin que perseguimos, llegamos a pensar en matar a alguien.

Tenemos que hacernos el propósito de aprovechar nuestra vida y acumular méritos, pero hacerlo de una forma correcta. Hay que ser lógico y reflexionar. Aunque alguien esté pensando : “Yo no creo en el camino budista, no creo que se acumulen negatividades”, a ún así, este es un camino válido para cualquier persona.

LXII

“Si me enfado con aquellos

que me insultan y menoscaban la confianza que otros tienen en mi

¿por qué no me enfado también

con los que insultan a los demás”?.

El siguiente argumento dice: “ Esto está bien pero si alguien me insulta tengo que enfadarme porque, de lo contrario, perdería mi reputación y cualquiera que escuche los insultos puede perder la confianza en mí. Tengo que responder a los insultos de esta persona” . Este tampoco es un argumento válido.

LXIII

Si puedo aceptar con paciencia la falta de confianza

que está relacionada con otras personas,

¿por qué no tengo paciencia con los insultos que recibo

si están relacionados con la presencia de sentimientos

negativos?”. 

Si a mí me alaban me siento bien, pero si alaban a mi enemigo me enfado y reacciono de una forma negativa. Esto no tiene ninguna lógica, ya que, si me gustan los elogios, no importa que sean para mí o para otra persona, deberían alegrarme. Se debe ser coherente: Si no me gusta que me insulten, ¿por qué me va a gustar que insulten a mis enemigos?.

¿Cuáles son las consecuencias de las alabanzas? (por supuesto no nos referimos a las que se hacen a los seres santos y realizados, sino a las que van dirigidas a una persona): que el “yo” se hace más fuerte y surgen con más fuerza el orgullo y los engaños. Desde una perspectiva budista, las alabanzas, tanto si van dirigidas hacia nosotros, como si son para los demás no son una práctica a recomendar.

Hace tiempo, en Tíbet, conocí a una persona que siempre estaba haciendo alabanzas a todo el mundo con buenas palabras, y naturalmente todo el mundo lo amaba. Alguien le dijo: “¿ Por qué alabas tanto a la gente? Sabes que es muy dañino, que no tiene ningún beneficio. ” Y contestó: “ Sé que es dañino, pero no importa, porque la gente me ama”.

No hay beneficio alguno en alabar a los demás. Por ejemplo, nuestro cuerpo físico no va a cambiar porque se le alabe y, en cuanto a la mente, son sólo conceptos sin una base válida. Es muy subjetivo lo que se dice en las alabanzas y, muy a menudo, se trata de cualidades que no existen en la persona. Si uno lo analiza realmente es un sonido vacío de contenido.

LXIV

“Si otros agravian y destruyen

imágenes divinas, relicarios y el sagrado dharma

no debo ofenderme por ello,

porque los budas no pueden sufrir daños” 

LXV

“Debo evitar los arrebatos de ira contra aquellos

que ofenden a mis maestros, parientes y amigos.

Como se decía antes, debo comprender

que estas cosas están condicionadas por otros factores”.

Este es un consejo muy útil para el pueblo tibetano en relación con los chinos y lo que han hecho y siguen haciendo en Tíbet. Han destruido una cantidad enorme de monasterios, libros, estatuas, etc. Esta es una negatividad muy pesada pero no hay razón alguna para enfadarse con ellos, porque los budas no están realmente en esas estatuas, y por lo tanto, no pueden ser dañados. En el nivel en el que se encuentra un buda, nada lo puede dañar.

LXVI

Si tanto los objetos animados como inanimados

causan daño a los seres vivos,

¿por qué sólo guardo rencor hacia los animados?

Debería aceptar con paciencia todos los daños”.

Los seres sintientes tienen una mente muy fácil de perturbar por cualquier objeto animado o inanimado. Entonces, ¿por qué sólo nos enfadamos con los otros, y no con el resto de fenómenos?

LXVII

“Si una persona hace daño por ignorancia

Y otra también por ignorancia, se enoja con ella,

¿quién incurre en culpa?

¿Y quien está libre de culpa?”.

Cada uno de ellos está bajo la confusión y la ignorancia. El primero dice: “Yo soy el bueno, el otro es el malo”. El otro piensa lo mismo. Siempre creemos que somos los buenos, que tenemos la razón. Pero, si lo pensamos, no hace falta saber de quién es el error, quién tiene la culpa. Ambas personas están bajo el influjo de la misma confusión, de la ignorancia, y de ahí surgen los engaños.

LXVIII

“¿Por qué cometí aquellas acciones

por las cuales ahora otros me hacen daño a mí?

Si todo está relacionado con mis acciones

¿por qué guardo rencor a estos enemigos”.?

Además también hay que contemplar otro aspecto: el karma. Lo que hoy nos está sucediendo es consecuencia de nuestros actos en el pasado.

Si ahora, cuando surgen pequeños problemas, pequeñas dificultades, no practicamos la paciencia, ¿cómo podremos hacerlo cuando nos encontremos con problemas aún mayores?. Ahora es el momento de empezar a practicar con la poca paciencia que tengamos, desarrollándola poco a poco y utilizando todas las ocasiones en las que surjan problemas o dificultades, para poder estar preparados y, en un futuro, saber enfrentarnos a problemas mayores.

Tenemos que reflexionar y meditar en lo que se ha estado explicando estos días acerca del enfado y la paciencia, y el karma, - la ley de causa y efecto -, y comprender que si algo nos está dañando ahora, es un resultado de una acción del pasado y por lo tanto, somos responsables de nuestra actual situación. No tenemos independencia mental, estamos bajo la influencia de los engaños y no podemos controlar nuestra vida. Los demás, esos que nos dañan, están igualmente condicionados. Luego, entonces, ¿por qué me voy a enfadar con esas personas?. Reflexionemos sobre todo esto. La conclusión es que no tiene sentido enfadarse, será mejor practicar la tolerancia y la paciencia y con estas prácticas positivas, acumular méritos.

Gracias a la paciencia, podemos generar amor y compasión hacia los demás y este es el método supremo para acumular méritos. Así lo dice el verso siguiente:

LXIX

"Después de comprender esto,

debo esforzarme para conseguir méritos,

para crear entre todos

sentimientos de amor".

Un verso que se comentó ayer dice:

"¿Por qué un condenado a muerte es feliz cuando, en vez de condenarle, le liberan tras cortarle una mano? ¿Por qué yo, que sufro la miseria, no soy feliz, si con ello me salvo de las agonías del infierno?" Este ejemplo sirve para explicar que al enfrentarnos a algún sufrimiento, dificultad o daño, debemos considerar esta circunstancia de forma positiva, comprendiendo que se trata de un karma, del fruto de una semilla que llevamos con nosotros y que, de no madurar ahora con este sufrimiento actual, tendría que hacerlo en el futuro con mucha más fuerza, como se describe en los sufrimientos de los infiernos. Es decir, puesto que sabemos que el karma se expande, cuanto más tarde en madurar, mayor será el resultado. Todo esto nos ayudará a ver estos sufrimientos actuales como algo positivo. Siempre tenemos que pensar, no sólo en esta vida, sino también, en las próximas.

Tenemos los cinco objetos del deseo: formas, sonidos, sabores, olores y objetos táctiles. Todo lo que se refiere a nuestras conciencias sensoriales. Los llamamos objetos del deseo porque al entrar en contacto con ellos, generamos apego. De la ignorancia surge el apego y del apego, el karma. Por culpa del apego, llevamos a cabo acciones que dan unos resultados determinados. Este es un círculo sin fin que repetimos una y otra vez, en esta vida y en las pasadas, y si no hacemos nada, en las futuras también. Nunca logramos satisfacer nuestros deseos, siempre queremos más, buscamos repetir nuestras experiencias felices una y otra vez, nunca nos sentimos satisfechos.

Nuestros actos siempre van dirigidos a evitar el sufrimiento y a la búsqueda del placer, pero si nos marcamos un propósito a largo plazo, como el que nos ofrece el camino budista, dejará de tener importancia seguir los mandatos del deseo cada vez que éste surja. Necesitamos practicar la paciencia para alejar los obstáculos en nuestra práctica del Dharma y para obtener buenos resultados de acuerdo con nuestra meta, con nuestros propósitos.

Es bueno que los occidentales, reflexionéis acerca de la vida y de todo lo que poseéis en este momento porque, muy a menudo, por ejemplo, al leer el Lam Rim, caéis en el desánimo pensando que es todo muy difícil. Ahora tenemos un cuerpo y cinco sentidos que funcionan. Asimismo, nuestra capacidad intelectual nos permite escuchar y reflexionar en las enseñanzas que estamos escuchando, aquí, ahora, una gran oportunidad que no tienen otras personas. Podemos considerar que éste es un momento privilegiado, que tenemos una vida muy buena y que debemos aprovecharla, darle un sentido, no desperdiciar estas capacidades, estas buenas condiciones que tenemos en este mismo momento.

LXXII (1)

¿ Por qué un condenado a muerte no es feliz

cuando le liberan tras cortarle una mano?

¿Por qué yo que sufro la miseria humana, no soy feliz

si con ello me salvo de las agonías del infier no?

Esto quiere decir que, cuando estamos pasando por una dificultad, como una enfermedad o cualquier otro problema, debemos pensar que estamos evitando caer en el futuro, en uno de los reinos no afortunados, como en los infiernos. En este sentido, es mejor esta experiencia ahora, que otra peor después, y esto nos hará resistir y soportar estas situaciones y sentirnos felices ante lo que esté ocurriendo, evitando así crear más karma negativo. Esto es lo que quiere decir “paciencia” en este contexto.

Cuando estudiamos Lam Rim, nos decimos: "Yo no soy mala persona, nunca he matado, no he dicho grandes mentiras, ni robado nada importante; o sea, que puedo seguir así como estoy. No tengo nada especial que hacer".

Es verdad que tenemos estas buenas condiciones y que son resultado de un karma pasado, es decir que, en vidas anteriores, hemos realizado acciones positivas que ahora, nos proporcionan estos buenos resultados; pero no hay que pensar que ya está todo hecho. Tenemos que seguir creando las causas que nos eviten caer, en el futuro, en renacimientos menos afortunados. Para ello, debemos seguir evitando las diez acciones no virtuosas, como matar, mentir, etc., y actuar de la forma más positiva que podamos a fin de poder seguir adquiriendo buenas condiciones para nuestra práctica.

También es verdad que, al pensar en la suerte que nos hemos encontrado, podemos llegar a generar orgullo que es otro engaño muy peligroso. Para rebajar un poco este estado de cosas, es muy útil pensar en la cantidad de seres muy superiores a nosotros que hay, como, por ejemplo, los bodhisattvas y los grandes practicantes con los que no podemos compararnos. Además, todos los seres sintientes tienen la misma capacidad que nosotros y la misma mente de naturaleza pura capaz de lograr la Iluminación , por lo tanto, no somos tan excepcionales a pesar de nuestras buenas condiciones en estos momentos.

Por último, recordar que aún cuando está muy bien practicar la generosidad dando comida y ayudando a los demás, no debemos generar orgullo porque este orgullo se vuelve contra nosotros y acaba con los méritos que nuestra acción ha producido.

13. L a paciencia como una perfección

Vamos a empezar esta sesión haciendo una meditación analítica. Se trata de reflexionar sobre lo que hemos aprendido y lo que hemos estado escuchando durante estos dos últimos días. Por un lado, consideramos las desventajas de los engaños, como, por ejemplo, el odio (recordemos lo que hemos tratado: el enfado, el hecho en sí de enfadarse, los resultados negativos que conlleva, etc); y por otro lado, contemplamos las ventajas de practicar la paciencia, tolerancia, indulgencia, (término que prefiramos), así como los resultados positivos que se derivan de esta práctica. Cada uno debe intentar recapitular lo que ha oído y generar la convicción de que es cierto todo lo que hemos hablado hasta ahora.

(2)Cuando, por ejemplo, nos insultan o critican, nos están mostrando nuestras propias faltas. De hecho, supone una oportunidad para practicar y es muy beneficioso. En lugar de enfadarnos, deberíamos considerarlo como algo positivo.

Se habla de la paciencia como de una perfección, como de una paramita que permite a la mente quedar imperturbable e inamovible ante cualquier persona y seguir adelante. Cuando hablamos de la paciencia como de una paramita no nos referimos a la que practicamos nosotros en este momento, sino a una práctica de los bodhisattvas. Una vez se ha generado la bodhichitta espontánea nos convertimos en un bodhisattva, un ser que está en el camino de la Iluminación para el beneficio de los demás. Se dice que hay diez tierras o niveles en el camino del bodhisattva; en la primera se practica la generosidad; en la segunda, la ética; en la tercera la paciencia como una perfección. Es una paciencia mucho más elaborada que la que intentamos practicar nosotros.

Buda Sakyamunii, antes de nacer como el Buda de nuestra era, tuvo varias existencias como bodhisattva. (3) Un día, estaba meditando en el bosque, cuando llegó un rey con su séquito y todas sus mujeres. La reina o consorte principal de este rey se alejó un poco del grupo y encontró a Buda Sakyamuni meditando. Sintió una gran fe por este bodhisattva y comenzó a postrarse ante él. En ese momento, llegó el rey que, sintiéndose celoso al contemplar la escena, cortó las piernas y los brazos del bodhisattva. El bodhisattva, debido a la práctica de la paciencia, se mantuvo imperturbable a pesar de los dolores y sufrimientos que padecía. Cerca, se encontraban algunos discípulos que empezaron a criticar la actitud, pero el bodhisattva los tranquilizó:

“No hay razón alguna para insultar al rey porque lo que me está sucediendo ahora, perder mis brazos y mis piernas se debe al karma pasado. He creado las causas para padecer este sufrimiento en este momento y esto es algo que no volverá a suceder en el futuro, pues una vez madurada esta semilla no crecerá más. Al practicar la paciencia lo que estoy haciendo es eliminar los karmas negativos en el camino". Fue una prueba de mucho valor. Los discípulos estaban tristes al ver el sufrimiento que, físicamente, padecía este gran bodhisattva, pero él, reconociendo las causas de su sufrimiento, hizo súplicas a los Budas que, al presenciar la fe y devoción del bodhisattva, restituyeron sus cuatro miembros. El rey, al ver este milagro quedó fascinado y generó fe hacia este bodhisattva.

Este es un ejemplo de los beneficios que tiene la paciencia. Ahora mismo, pensamos que no podríamos soportar una prueba así. Por supuesto, no estamos en ese nivel, pero, practicando la paciencia, poco a poco, lograremos más capacidad para soportar las cosas que suceden en la vida y llegaremos a practicar lo que llamamos la perfección de la paciencia en el camino.

Uno de los problemas con los que nos encontramos es nuestro deseo de buena reputación, de elogios, alabanzas, etc. Esto sucede, como cuando nos vanagloriamos: " Yo soy un gran meditador. He logrado tal nivel de concentración, he logrado hacer tal retiro, etc .". Este tipo de comportamiento es un obstáculo para la práctica real de la meditación. Es algo que, en lugar de mejorar nuestra capacidad meditativa, la empeora porque crea obstáculos por el apego hacia el yo. Tenemos que cuidarnos mucho de buscar fama, reputación y alabanzas y tener presente lo peligroso que es.

Vemos, por un lado, a gente famosa, hacia la que todo el mundo corre para hacerle fotos, pedir autógrafos etc; y, por otro lado, mendigos que están en la calle, detrás de los cuales, nadie corre. ¿A qué se debe eso?. ¿No parece una actitud falsa, equivocada y sin sentido? ¿Por qué se actúa hacia unos de una forma y hacia otros de otra totalmente opuesta? Es una actitud totalmente parcial que no tiene justificación, ni lógica alguna. ¿Cuál es el problema?. ¿Qué tiene de bueno ser famoso?. ¿Cuáles son los beneficios?. En lo que se refiere a acumular méritos, el hecho de ser famoso no cambia nada, no nos facilita o impide acumular méritos. Con respecto al físico, a la salud, tampoco parece ayudar la fama a estar más o menos sano o fuerte. Tampoco, por ser famoso, se vive más tiempo. En fin, podemos darnos cuenta de que la fama es algo vacío de sentido, no tiene sustancia, ni tiene utilidad alguna para nosotros. Claro que podemos argumentar : "Bueno, quizás no me ayude mucho en el futuro, pero, ahora, cuando me alaban, cuando se reconoce mi buena reputación o recibo honores me siento feliz" . Pero este tipo de felicidad no es constructiva, no va dirigida al futuro, y, si somos felices por “ser famosos”, también somos felices por tomar drogas, alcohol, fiestas, etc. Pero nosotros sabemos que con este tipo de actitud se pierde la perspectiva y el sentido de la vida.

Podemos ganar fama y reputación de muchas formas, por ejemplo, practicando la generosidad a gran escala, pero, ¿cuál sería la motivación?, ¿el amor y la compasión? ¿Nos mueve el deseo de ayudar a los demás?, o ¿toda nuestra generosidad no es más que un medio para adquirir buena reputación?. Ser generoso con el propósito de adquirir fama convierte nuestra acción en algo carente de sentido. Otra forma de hacerse conocer nos la ofrece la guerra. Matar a más personas que los otros en combate nos puede convertir en héroes. ¿Tiene sentido?. No. Esta forma de buscar la fama se asienta sobre una base falsa y equivocada, que además de ser dañina, está, como la anterior, vacía de sentido. Por lo tanto, ¿para qué perder energía y tiempo?

Nosotros somos como los niños que van a la playa y construyen grandes castillos de arena y, de repente cuando llega el agua y destruye sus castillos se enfadan, gritan y arman escándalo. Cuando alguien que ha alcanzado la fama, la pierde después y ve cómo la gente le ha olvidado, entra en crisis y depresión. Es una actitud totalmente infantil. Así que, si queremos actuar con madurez y lógica, debemos practicar la paciencia para cuando nos encontremos con alguien enfadado dispuesto a perjudicarnos, estar preparados.

Hay un verso muy famoso del Lo-yong (los ocho versos) que dice: " Yo tomaré la derrota sobre mí y daré la victoria a los demás ". Así que, cuando veamos a alguien enfadado, si queremos ayudarle, en lugar de responder con el mismo enfado, “ tomemos la derrota” . Echarse la culpa sería una manera de decirlo; o sea, decidir no devolver el daño que la otra persona nos está haciendo, tomarlo sobre nosotros mismos y dar la victoria a esa persona que está enfadada, respetarle y saber reconocer su problema: que está bajo el control del enfado. Este es un consejo que se encuentra en el Lo-yong.

Por otra parte, hay que considerar que, hasta cierto punto, los Budas y los seres sintientes son iguales, por lo que, si por un lado, generamos fe, hacemos ofrecimientos, súplicas y pedimos las bendiciones de los Budas pero, después perjudicamos a los demás, no tiene lógica. El estado de la budeidad es para todos, para los Budas que ya lo han logrado, y para los seres sintientes que tienen ese potencial y que lo lograrán en algún momento. Tenemos que darnos cuenta de la interdependencia que existe entre los Budas y los seres sintientes. Sin seres sintientes no existen los Budas, porque la razón de existir de un Buda es el ayudar, y beneficiar a los seres. Y sin Budas los seres sintientes se encuentran totalmente desamparados, porque es gracias a la bondad de los Budas por lo que podemos seguir el camino y liberarnos del sufrimiento. Así que, ¿por qué actuar de una manera positiva hacia los Budas y negativa hacia los seres sintientes?. Tampoco tiene sentido.

En el Lam Rim se citan dos técnicas para generar la bodhichitta, una de las cuales es la llamada “seis causas y un efecto”:

•  Todos los seres han sido mis madres en algún momento.

•  Gracias a la bondad de todas mis madres estoy aquí en este momento.

•  Quiero devolver la bondad a todos los seres sintientes que han sido mi madre.

•  Genero un sentimiento de amor hacia todos los seres sintientes. En este punto reconozco que gracias a ellos es como puedo andar el camino, puedo generar estas cualidades. De no haber seres sintientes no habría posibilidad de generar